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28 septiembre, 2012

Un día al año


El exhibicionismo biográfico teclea. Desde Moscú, el escritor Maxim Gorki propuso, mediada la década de los treinta del siglo pasado, convertir el 27 de septiembre en una suerte de almanaque biográfico que recogiera las vivencias de individuos más o menos célebres/anónimos, a lo largo de esas 24 horas del otoño temprano: El proyecto 27 de septiembre documenta un día azaroso en las vidas azarosas de azarosas existencias humanas.

Me lo dijo Valeria. Desde que apareció en mi belografía, cuanto dice importa. Es más, la ideología ético-sentimental del optimismo crítico y la reivindicación de ser feliz, importa desde que Valeria invitó a un cigarro a un hombre gris. Pintar de colores el plomo nació entre las piernas de Valeria. Compartir mi 27 de septiembre también. Porque sí. Y más allá: Porque nos lo debemos como escritores aunque no escribamos; porque nos lo debemos como tópicos, utópicos, distópicos y atópicos en memoria de lo que durante algún instante fue 'el soviet'; porque seguimos adscritos a la fe de lo anónimo y celebramos la posibilidad de lo imposible: porque, al fin, contar un día supone registrarlo, fijarlo, darle entidad, revelar al mundo una sencilla y definitiva revolución: ESTAMOS AQUÍ, ojo, SOMOS, dueños de nuestra sonrisa, libres para ver, comprometidos para contar: CONCIENCIA DE SER -"Los muertos solo saben una cosa: es mejor estar vivo", dicen en La chaqueta metálica-. Y eso es lo que se cuenta el 27 de septiembre: las vidas de quienes cuentan. 

....................................

5:00. Retozar, bostezar, estirarse, descoser los párpados y ponerse en pie. Me sabe la boca a cenicero. Siento todo el peso de mi cuerpo en la cabeza. No tengo hombros y, casi por inercia, caliento un tazón de leche en el microondas. Avanza la cuenta atrás en la pantalla y le doy una lata de comida a Janis, le acaricio el lomo y ella duda por un momento entre el ronroneo y los mordiscos. Decide engullir su desayuno de salmón y pollo. Nescafé y miel en leche caliente para mí. Cigarro, tazón y boletín del 24 horas en la televisión hasta las 5:20. Ducha rápida. Ropa (a lo largo del día descubriré que fue poca ropa). Un besito para la enana y mirada de lástima felina clavada en mi frente al tiempo que cierro la puerta de casa para descender al subsuelo del sótano 2 y arrancar el Civic. Hago la pirula de siempre en el garaje para evitar el laberinto y, al salir, el Madrid que suele despedirme los días supone el arranque de este 27 de septiembre a contrapelo -No estoy acostumbrado a madrugar; suelo amanecer mediada la mañana; suelo trabajar de tarde-. 

Noche cerrada y autopista vacía. Ficho la entrada 18 minutos después a la sombra de la torre de telecomunicaciones del centro de la capital, 7 minutos más tarde de lo que mi horario exigía. Jorge, mi compañero de turno, ya está tecleando en un equipo. Busca imagen de Olvido Hormigos, la concejala de los Los Yébenes que vio cómo España la veía masturbándose desnuda frente a una webcam. Más. Más imagen: trailers y secuencias de las peliculas españolas que compiten para la preselección de los premios Oscar 2012; ciudades, playas y paisajes internacionales para tapar la pieza del día mundial del turismo; recursos de manifestaciones en defensa de la educación pública (hay convocatoria para la tarde en el centro de Madrid); F-18, fragatas y carros de combate del ejército español... Llegan otros compañeros. Pausa en el trabajo. Arrancan los magazines y nos damos una pausa de realidad noticiable. A las 09:25 bajamos a desayunar. Nuevo café, un zumo de naranja natural y dos tostadas de pan de molde con sal y aceite de oliva. Un poco de picante y un mucho de optimismo para seguir avanzando. Cuatro chistes, críticas entre compañeros y críticas al jefe. Vuelta a la redacción. Más búsquedas: Recursos del hotel Palace en la década de los 50; trayectoria como actor y director de Juan Diego Botto; niños hijos de inmigrantes en la escuela sin que se les reconozca el rostro (¿? ...porque todo el mundo sabe que a los hijos de inmigrantes se les reconoce por los zapatos o el babi, ¿no?); caricaturas de Mahoma... 13:17, se acaba la jornada. 17 minutos después de lo que mi horario exigía. No, no me pagarán los 10 minutos de más. Tampoco lo pido. Cumplo con mi trabajo más allá del salario. Cumplo por responsabilidad. Cumplo porque la ética del trabajo bien hecho fue la filosofía materialista en la que me criaron. Y es jodido quitarse de encima aquello en lo que te crian. Y ya. 

No llueve, pero hace frío. El Civic me lleva en 20 minutos al aparcamiento de la facultad de Filosofía / Filología de la Complutense en Ciudad universitaria. A punto de cerrar la biblioteca pido "Autobiografía y modernidad literaria". Tengo 20 días para fotocopiar lo que necesite. Dos horas después he quedado con la catedrática de filología francesa para planificar lo que tendré que trabajar sobre lo que de autobiográfico real o ficticio permea la obra literaria moderna. Para hacer tiempo, como. A veces no como. Soy de desayuno y cena. Pero este 27 de septiembre como un bocadillo de bacon-queso y una tercio de cerveza en la terraza de la cafetería, rodeado de estudiantes nuevos, de estudiantes que se reencuentran, de estudiantes quemados con la burocracia y de estudiantes encabronados con la capitalicracia de los hombres-mercancía. Y leo. Y se me caen los ojos al suelo. Los recojo al terminar el bocadillo y, contra todo lo que me había prometido, vuelvo al Civic, me acurruco en los asientos de atrás, pongo una alarma en el móvil y duermo tres cuartos de hora de siesta acunado por las cuatro gotas que caen sobre la luna trasera. 

15:48. Se acabó la siesta. Me lavo la cara en el baño del sótano 1 y me seco como puedo. Cambio el chip y redibujo una sonrisa de niño-educado-majete-y-listo-al-que-vas-a-aprobar-desde-ya-porque-se-lo-merece-claro-que-sí-pobre-con-lo-que-ha-pagado-de-matrícula-y-total-qué-más-da-si-parece-que-sabe-y-no-va-a-venir-a-clase-porque-trabaja-y-trabaja-mucho-y-ya-está-aprobado. En la cafetería de profesores me encuentra la profesora. La invito a un café. La invito porque invitar a una mujer en el primer encuentro es ley de la sociología machista en la que me criaron. Y es jodido quitarse de encima aquello en lo que te crian. Y ya. Y la profesora me cuenta su planificación pedagógica, sus exigencias investigadoras y la disponibilidad y generosidad que me regala. Muy bien. Buen encuentro. Me despido contento y salgo a echar un cigarro antes de que comience la presentación oficial de este escalón curricular hacia el doctorado. Muchas caras me suenan. Los pasillos de esta facultad llevan una década en mi vida. Pero no me atrevo a abordar a nadie. Fumo, sonrío y, como diría Valeria, "me hago el interesante". 

16:35. Abren el Salón de Grados. Ocupamos las butacas y empiezan los discursos. La coordinadora presenta el acto. El Vicedecano de estudios de tercer ciclo ofrece el speech buenista. Un catedrático recientemente obligado a jubilarse tras 50 años de docencia, equilibra el tono con media hora de erudición de sonrisa torcida con tintes subversivos. La presentación se convierte progresivamente en un homenaje explícito a este último cuando los profesores y coordinadores de investigacion comienzan a agradecernos nuestra presencia y a presentar brévemente sus disciplinas. Me siento como el jurado de un concurso para Miss / Mister Autoridad Académica. La intención es buena. Se agradece. Pero, cuando 20 profesores te han vendido su especialidad y cada una de ellas es siempre "la mejor" y ves que aún quedan otros 20, te dan ganas de preguntar por el contorno de sus cinturas y asumir que todos desean la paz en el mundo. Aún así tomo nota. Espero. Necesito decir algo. Chiara llegó 5 minutos tarde y por eso me queda a un par de filas. Está guapísima. Chiquitita, con su cuerpecito y cara de hada traviesa. El pelo corto le sienta bien. Fer me guiña el ojo y se revuelve contra las reformas educativas. Yuri, una estudiante china, pregunta por mi bolso con ideogramas chinos y una estrella comunista. Reconozco voces y maneras. Sé con quien no volvería a estudiar en la vida, con quién me dará rabia no estudiar, con quién he acertado, a quién tengo que anular. Rejuzgo a los conocidos y prejuzgo a los conocidos. Juzgo por intuición a primera vista porque así generé la estrategia de defensa social cimentada sobre la desconfianza en la que me criaron. Y es jodido quitarse de encima aquello en lo que te crian. Y ya. 

19:00. Termina la ronda de presentaciones. Van más de dos horas y todo el mundo quiere acabar. Pero tengo que levantar la mano. Me tiembla la voz frente al micrófono inalámbrico. Siempre me tiembla la voz cuando comienzo a hablar en público. Poco a poco domino el temblor. Y trato de ponerme lo menos cáustico posible para evitar el prejuicio. Tengo una voz muy grave. Y una forma de hablar en entornos formales que yo considero educada pero que, como he comprobado, cada vez resulta más seria y agresiva. Me consuelo pensando que vivo un ocaso de la dialéctica. Que la mayoría de las voces tienen una retórica mediocre, llena de muletillas, puntos suspensivos orales y deficiencias en la construcción de oraciones largas. Ese es mi consuelo. También creo que no sé hablar de otra manera. Que a veces puedo sonar pedante y demagogo. No es la intención. ¿Qué le hago? Me fustigo. A ver... consuelo, fustigación, consuelo, fustigación... gana el consuelo porque soy un tipo bastante ególatra y creo que lo que hago es lo correcto. Y pregunto por el estado de salud de un Maestro y gran profesor; y exijo que, dado el incremento por la espalda de las tasas universitarias promovido por Doña Lucía Figar y Doña Esperanza Aguirre, se flexibilice y fraccione el pago para poder respirar a final de año; y reivinidico una revalorización de la universidad pública a partir de la unión de profesores, PAS y estudiantes; y pido que se nos tenga en cuenta, que no hay ni-nis ni no-nes en la sala, sino gente con una vocación científica profesionalizante, universal, interdisciplinar y sentimental.; que nos la suda el utilitarismo formativo pero que no nos creemos inútiles laboral ni socialmente; que hay que reformular las humanidades y... Y ya. Uno de los altavoces acopla y se me ha metido el pitido en la sien. Ya está. Gracias. Y me responden las autoridades administrativas y académicas: Todo-va-a-ir-muy-bien-porque-haremos-todo-lo-posible-pero-estamos-en-la-casa-de-Ortega-y-somos-nosotros-y-nuestras-circunstancias. Política VS. politiqueo. Gracias. Hasta la vista. Adiós. Ahora sí puedo besar a Chiara y charlar y tomar un cerveza y saber que ha estado trabajando con Lucía y que no tiene ni idea de qué hacer con la tesis y que a ver si nos vemos y que le dé mil besos a Valeria y que pronto pronto pronto pronto nos encontramos y no olvides que si necesitas algo solo tienes que pedirlo. Alé Firenze rossa!! Y alé la Giordano!! 

20:25. Vuelvo a casa en el Civic. 35 minutos esta vez. Hay que cruzar Madrid y, aunque no hay mucho tráfico, cae la noche y me pesa la vista. Llamo por el manos libres a Valeria y Valeria me escucha mal y mejor lo dejamos para luego. Janis me espera al otro lado de la puerta. Tiene mucha hambre. Más comida para la pequeñaja. Cambio de arena. Jugamos corriendo por el pasillo con un pequeño pitufo de peluche. Peleamos. Me muerde la mano. Me muerde el brazo y se va digna dignísima a descansar. Ceno y la panterita quiere cenar mi cena, por pura envidia y buen olor. La echo una y otra vez hasta que decide resignarse y aprovechar el calor que sale de mis muslos. Veo una serie de ficción en la que diferentes arquetipos del hombre español mercadean con diferentes arquetipos de mujeres españolas, sus madres mediante. Y me río un poco. Es la dosis de telebasura semanal que hemos negociado. Tiene su gracia. Y es muy difícil resistirse a la televisión y los mitos en los que me criaron. Y es jodido quitarse de encima aquello en lo que te crian. Y ya. La enana está en mi pecho con la moto puesta, mordiéndome la nariz y haciéndome manitas en la cara cada vez que paro de rascarle el lomo y las tetas. 22:40. Nos despierta del letargo el sonido del móvil. Le cuento con párrafo largo el día a Valeria. Valeria pedía párrafo corto y yo tardo mucho en darme cuenta de esas cosas. Pido disculpas. Mando besos. Sonrío. Fumo un último cigarro y me masturbo. Se me olvida el cepillo de dientes. Me derramo en la cama. 23:49. Claquetean las gotas de lluvia en la chapa de la ventana. Retumban los graves del concierto de Los Suaves en el Miguel Ríos. Me acuna la batería. 

Concluye el 27 de septiembre de 2012 en la vida del Dormido. Se fue. Se acabó otro día 5. El mismo primo del día en el que ella nació. Y sonrío: En la felicidad me criaron y resulta bien jodido dejar a un lado aquello en lo que te criaron. Además, que no me da la gana apartar la felicidad, hoy y cada uno de los días que quedan por llegar: me comprometo a no amargarte, a darte una sonrisa, a ejercer la libertad. Pues eso. Y ya.

06 agosto, 2012

Pantera. Impresión

La pantera es el único felino cuya mandíbula es capaz de perforar el cráneo de su víctima o de abrir grietas en el caparazón de una tortuga: La pantera es el único ser que he conocido capaz de morder, desgarrar y roturarme el alma. 

Tiene la pantera, según la mitografía cristiano-medieval, el aliento dulce: el único beso capaz de templar mi saliva aguardentosa. "He tenido un sueño raro", dijo Ella, Ella que siempre ve, como Tiresias, más allá de la luz, "he soñado con una bebé", dijo, "de nombre Ariadna". Ariadna, abandonada en la playa por un vil e inmerecido príncipe de Atenas. Ariadna llora a la nave que se aleja mientras dos panteras acercan el carro de Dionisos hasta el regazo de la minoica. Ariadna, nueva emperatriz, ¡Evohé!, del dos veces nacido: ¡¡QUE CORRA EL VINO!! Y el sueño se encarnó en la playa. No era el héroe Teseo: Tú te mereces un Dios. No era bebé de hombres el sueño: Era la señora de las bestias. La tiradora del carro. Todas las bestias. El todo de Pan. Y en busca de pan llegó. Pidiendo comida y mimos, ¿es que hay algo más? Ofreciendo su lomo y sus garras. Prestando, por honor, sus colmillos y su rugido, de por vida, a su nuevo dios. 

Encontré a Ariadna fumando sola. Y fumó conmigo. Ella ya era señora de una pantera. Madre de dragones fue. Y yo siempre temí ser su Teseo... ¿me podría el miedo?, ¿era yo un sujeto de honor, un perdedor o un pendejo...? Pero hoy llegó a mis brazos la bestia. Hoy me siento capaz de compartir el carro. De cruzar las Indias, coronar el Olimpo y pisar la vid. Hoy ya somos cuatro, morena: Un jaguar y tres panteras; cuatro bestias; dos princesas, una Ariadna y un Señor. Bienvenidos, mortales: 

¡¡QUE CORRA EL VINO!! 

EVOHÉEVOHÉEVOHÉEVOHÉEVOHÉEVOHÉEVOHÉEVOHÉ



Pero qué bonita que eres, jodía!!


24 junio, 2012

Tampoco será pa' tanto...

¿¿...que el mundo se va a la mierda, dices??



...pues VAMO' A COMERNO' ER MUNDO


¡¡¡¡VAMO' A COMERNO' ER MUNDOOOOO!!!!




...y muérdeme, muérdeme, muérdeme, morena.

27 marzo, 2012

Universo digital

  





Siempre lo he intuido. 

Desde muy pequeño. 

Creo. 




El sabor de las cosas pronto estuvo, no en la cosa misma, sino en mi dedo una vez mojada con él la cosa: Chuparse el dedo para saber a qué sabe lo tocado: Esa era la estrategia. Fiarse de las fronteras de uno para conocer la esencia de lo otro sin desarmarse. A cubierto. Protegido por la extensión de la mano. Y del antebrazo. Y del brazo. Lejos el corazón, la bragueta, el estómago y la cabeza, que es donde uno intuye, desde muy pequeño, que reside en esencia lo que uno es.

Y sucedió con el olor. Rascarse y oler el dedo para saber a qué huele uno. Hacer una bola de plastelina y oler el dedo y a ver a qué huele eso que podía ser esquemáticamente cualquier cosa... Y sucedió con la temperatura. Y sirvió para huir de lo que quema. Y para averiguar que es capaz el hielo también de quemar. Y para descubrir pronto que nada es tan diferente de nada, ni siquiera de sus contrarios. 

Y sirvió, mmmmmmmmmm, para darse gusto en la cabeza, en la barriga y en la bragueta... 

Y para revivir el corazón. 

Uno tras otro, los dedos... 


Y la intuición se hizo burocracia. Y, de ahí, realidad compartida. Porque fueron precisamente esos apéndices quienes decían que yo era yo en una ficha policial de control que, no sé si como acrónimo, lenguaje controlado o despiste galicista, me enseñaron a llamar "carné": Los demás, protegidos tras sus dedos, no querían saber de mí más que los míos. Perseguido por la ignorancia del ser, resultó que la identidad de mi cuerpo figuraba en ese espacio fronterizo y suburbial del extremo digital... el mismo espacio de donde nacen las cosquillas, el mismo puente hacia la creación de la palabra escrita, el mismo instrumento con el que sigo la línea de un texto impreso o exploro la geografía de tu cuerpo... 



((Por eso los buenos ladrones llevaban guantes negros de piel. Para ser invisibles. Y por eso las mujeres de la película esa de mamá de Sissí Caraperdiz cubrían sus manos bajo guantes satinados, a pesar de llevar medio pecho al aire bien embutido y levantado. No hacía frío, se escondían aquéllas para no mostrarse a quien no quisieran. ¿Será por eso el baile de Gilda tan erótico?, ¿desnudarse las manos proyecta mejor que ningún otro El Desnudo?))



...y ahora te meto el dedo en la boca y sé que soy tan parte de ti como tú de mis dedos. Te meto el dedo en la boca y lo muerdes y lo lames y averiguas a qué sé en la frontera misma de mi ser que es en ese instante tuya. Y, aún húmedo de ti, ese mismo dedo baja delineando el perfil inferior de tu labio, hasta la barbilla, hasta el centro del pecho después, hasta el ombligo, hasta tu coño humedecido también. Y lo meto dentro de ti hasta formar parte del centro mismo de tu cuerpo. Desde los límites del mío. Hasta el principio de ti. Y al salir, conocida la quemadura que eres al otro lado de la piel, te huelo y saboreo en la superficie de mi núcleo identitario. Y sé quién eres. Y lo sé en mí. Algo que faltaba. Algo que debía haber. Como siempre había intuido. Desde muy pequeño. En la frontera difusa de lo que aún soy y donde tú empiezas a ser. La única posibilidad de un nosotros. En un dedo. Creo.


20 marzo, 2012

Planes

Faltan menos días. Y queda pendiente subir al circo para abrazar al chikitín. Y volver a pedir a Alemania la regleta de Ivory Pine con veta vertical para cubrir el hueco entre el lavavajillas y la encimera. Y negociar el servicio de wi-fi con la teleoperadora deslocalizada en algún punto de la América meridional, después de que los vecinos dibujaran en su router el candado de un penal. Y descubrirle un nuevo liguero a la rubia, mientras buscamos entre copas la teoría definitiva prospectiva-ficcional que dé respuesta a las preguntas que no sabemos formular. Y mover el sofá. Y pasar el aspirador por el espacio ignoto que debería abrirse al universo tras el desplazamiento precedente. Y comerle la oreja a Fi para que me escriba una canción, ahora que su tímpano vuelve a estar sujeto con superglue de ese de Loctite. Y tirar los cascos de Alhambra 1925 que se acumulan en el tendedero. Y no comprar no comprar no comprar no comprar libros hasta el 1 de abril -marzonegrodeloscojones-. Y celebrar de cañas por Alcalá el cumpleaños de los cumpleañeros. Y acertar con un par de migas de pan en el hoyo 5 que, con suerte, exhibirá la Princesse en el canalillo. Y arrancar con la ponencia sobre procesamiento de lenguaje controlado y traducción automática antes de poner el primer pie en Bolonia. Y echarle una cucharada menos de miel al tazón de la mañana y nadar un largo más sin pararme a respirar antes de compartir trozos de pulmón con mis compañeros de creíquenoperomedejoelalmaennatacion. Y dormir de vez en cuando con el pequeño. Y vivir de vez en cuando con el pequeño. Y ser con Ser de vez en cuando, mi pequeño. Y jugar a los masters del pluriverso y rebuscar en el baúl de la prosodia. Y comprar media docena de huevos L y 3/4 de litro de tequila. Y llamar a mi prima. Y presentarle mis respetos a John o hacernos una de un par de Walkers con motivo de la mani del jueves que viene no, el siguiente. Y lavar el coche. O confiar en que llueva mucho y rápido sobre el coche. Y abrir los tacos de la terraza para la hamaca. Y tender tus camisetas y tus bragas. Y retozar antes de cambiar las sábanas que aún huelen a ese híbrido de los dos capaz de acelerar el reloj cuando nos arrancamos a follar (que ya hacemos, mi amor, el resto del día el amor). Y envolverte en plástico de burbujas el corazón y jugar a comérnoslo juntos mientras masticamos las pompas industriales y su transparente clamor. Y seguir las líneas de arañazos que aún quedan en tu cuerpo. Y lamer las cicatrices que se ven y las heridas que ya has escondido. Y mirarme cuando me miras. Y mirarme en el lago tranquilo de tu ombligo. Y mirarte cuando no miras. Que faltan menos días y, con todo, sé que empezaré por el final porque es la única forma de no acabar. Faltan menos días para que todo se acabe y lo primero es volver a escribirte en el vientre un "mí único mapa está escrito en tu piel". Decidido.

22 agosto, 2011

Monosílabos conflictivos

Ambos dijeron que sí... -delante de un juez y de seis docenas y media de testigos, la mayoría de ellos encervezados a cañas en los minutos previos al monosílabo recíproco, para combatir el calor bajo los cuellos blancos y sobre tacones a modo de crampones aterciopelados.

...pero no. -meses después del dispendio, de las risas de barra libre, de los cheques en la lista de robos y esos enhorabuenas huecos en los que se tranforman las burbujas del cava al regurgitar el pisito de foie que cubría la pieza de solomillo en aquel rincón paradisiaco de la sierra de Gredos.



Mejor tú para ti... -que debes ser la única que te aguantas...

...y para mí, yo -...que es, al fin, lo que siempre fue.



Aviso contras los excesos. Parece mentira que, a estas alturas, la banda aún no aprenda un poco de métrica antes de firmar contratos: La prosodia de "el-a-mor", no se entona con dos ("bo-da" / "túy-yo"), sino con tres sílabas ('No-so-tros' / 'por-que-sí').

11 agosto, 2011

Desafectados


Tesis: "Una parte de nuestra sociedad está enferma"
(David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido)


Antítesis: "Lupus est homo homini"
(Plauto, dramaturgo latino)




Síntesis: "Un sistema social de castas basado en el modelo de balón intragástrico que lleves implantado, ese es el futuro en el que creo firmemente." (Johnny Ferio, mi candidato)




...No es una cuestión de sectores enfermos, señor Cameron,
y ni siquiera quedan ya verdaderos lobos en pie:

Algunos pedimos tirarlo todo a la basura,
y empezar de nuevo, contando antes hasta 100.

05 agosto, 2011

Escribe un comentario

Siempre he sido más de Batman,
It's Ferio's fault,
para mí, John.


Dado mi asumido déficit dialéctico para con ingenios y CIs de su altura-barra-anchura, permítame comentar por puntos y no desfallecer en un párrafo eterno:

- Evite resfriados estivales y rompamos el eterno retorno terracero de preguntas obvias seleccionando un grupo de amistades con su correcto equilibrio afecto-partido-inteligencia, y, por qué no, incrementando su dieta de vitamina C y subiendo el aire acondicionado hasta los 24 grados centígrados, que, al fin y al cabo, es verano, y no ha elegido usted vivir en Siberia.

- Con sinceridad, desde un punto de vista crítico contemporáneo, su versión paralela del mito de Spiderman podría haber llegado a ser un referente de esa pedantería que llaman la ‘novela gráfica’, y un símbolo existencialista pop estadounidense, con muy poca probabilidad de haber sido aceptado por DC Comics y, por ende, asumido en el imaginario cultural que nace, cómo no, de la dinámica económica del consumo múltiple y uniforme en occidente.

- A mí la carne me gusta poco hecha. Y aunque este comentario no añade nada necesario y está cerca de ser un simple ejemplo de gratuidad exhibicionista, esa simpleza ha sido el resultado de la catarsis cognitiva engendrada en la lectura de su cuarto párrafo. Ah, segundo exceso asociativo: “Doble o nada-, o lo aceptamos todo, o es que todo es mentira”, verso ajeno de la estantería memorizado.

- Carne a la plancha con cava para cenar. El cava ya estaba abierto y no merecía tal apelativo. Fíjese que creo que en el fondo somos felices. Y hasta afortunados. Y que eso no implica que nos frustre la falta de cambio y que nos sonriamos pensando en que, al menos, en el Ministerio de Interior se resuelve un pequeño triunfo momentáneo: Por ahora, todos somos sospechosos para el sistema. Es verano y en mi comunidad sangra el deseado puto silencio, con el intermitente navajazo de una voz infantil llamando a gritos a su “papaaaaaaá”, mientras el susodicho responde automática e inútilmente con un “duérmeteeeeee”.

24ºC. Bien (ejercicio metablogósférico). Chimpún.

20 julio, 2011

Parenthesis


It's Valeria's fault



((Conocí a Mauri en la 'Feria del tatuaje 2005' de Córdoba, Veracruz. Cubrí el evento para el Mundo con Itzel, que lo cubría para el Sol, y aproveché para contarle a Mauri el dibujo que quería tatuarme: Un ojo llorando con la leyenda horaciana del Tempus fugit -un tatuaje era un recordatorio importante, un post-it que no podía despegarse jamás: "Se te ha acabado la infancia, niñín"-. Me enamoró el diseño de Mauri y solo me pidió a cambio 100 pesos (unos 9 euros, por entonces), una 'chela' y una mención en el periódico. El trato estaba hecho, hasta que marcaron desde la redacción para que saliera escopetado al zócalo. Arrancaba en media hora el mitin de López Obrador, el 'peje', candidato a las presidenciales de 2006 por el PRD mexicano ( / ganaría por un puñado de votos Felipe Calderón, del PAN, unos meses después, en lo que fue a todas luces un recuento sospechoso que culminaría con el gobierno paralelo de López Obrador en el zócalo del DF durante los primeros meses: La plaza y la gente no sobrevivió en la guerra contra el sistema / ). Me gustó el discurso del peje. Y la ilusión en la plaza. Y los banderines amarillos, los gritos, el apoyo de la caravana de Marcos y los zapatistas... parecía que podía funcionar. Y así lo escribí en la nota de color de la tercera página de la edición del día siguiente. Nombré el estudio de tatuajes de Puebla de Mauri en la décimo octava. Pero, cuando volví al antiguo mercado, los tatuadores estaban recogiendo sus pistolas de tinta y Mauri ya había enfilado el camino de vuelta al altiplano. Me había anotado su cel y, atrapado por cierta euforia perredista, le marqué para buscarle el fin de semana siguiente. Me citó en su casa, a las afueras de Puebla, en una barriada de casas bajas de concreto que en Madrid llamarían 'poblado chabolista'. Solo conozco de Puebla la panorámica que se observa desde el glaciar del Pico de Orizaba, los agaves en los arcenes de la 57 que llevan al Distrito, y la casa destartalada de Mauricio. Saludé a su señora al llegar (ambos eran más jóvenes que yo, y yo, por entonces, era casi un niño). Mauri me llevó directamente al único dormitorio de la vivienda. La cama sin hacer y yo, sin camiseta, en una silla de plástico de terraza de verano, bebiendo a sorbitos una coca-cola para inyectarme azúcar en vena antes de que Mauri me inyectara tinta negra en la epidermis. Mauri tenía una autoclave de segunda mano en el baño donde esterilizaba las agujas. Le hizo ilusión que le llevara un recorte de "su" noticia y la colgó con una chincheta de una pared donde se acumulaban fotografías de algunos de los tatuajes que había diseñado y estampado en otros cueros. "La tinta es de primera, carnal", me dijo, "Y aún serán 100 pesos, pero, acá, invito yo a la chela". Jani, su esposa, trajo una Victoria fría. Solo una, Mauri no bebía en el trabajo. Y él empezó a trabajar en mi omoplato izquierdo. Primero los perfiles. Después los rellenos y las sombras. Y, finalmente, unos toques de blancos sobre el negro para los brillos y para acentuar los volúmenes. Me dio un tubo de vaselina y jabón de sosa casero para limpiarme el tatoo. No me invitó a una segunda cerveza y me despedí, sin más, habiendo arrasado, de repente, con una etapa de mi vida. No volví a saber de él. Tampoco lo consideré nunca necesario. La sosa hizo su parte y, en apenas unos días, el ojo lloraba en mi espalda para siempre, sin la hinchazón primera ni las diminutas costras de sangre que enrojecían el negro. Al mes y medio salieron negativas las pruebas del SIDA y la hepatitis en el consorcio sanitario del ayuntamiento donde periódicamente deben someterse a análisis las prostitutas de Córdoba y donde a mí me salieron gratis las pruebas, gracias a un regidor del ayuntamiento que me hizo el paro a cambio de algo. En México la gente es educada y siempre se devuelven los favores de alguna manera. Poco después vi por primera y última vez a Marcos, comí en el rancho de uno de los meros-meros del mercado veracruzano más rentable, tuve en la mano un verdadero braguetazo, acababa las guardias de los lunes con Lute y nuestro six de Coronas en el Titanic, descubrí un Pacífico violento y ruidoso... entendí que los jaguares paseaban sonrientes por las calles y que el mundo se caía y que no había salida y que solo quedaba un poquitito de honor, el sentido del humor como arma de supervivencia y una carrera por la decadencia de ahí en adelante. Un ojo lloraba en mi espalda, 2006 me devolvió a España y, de repente, me hice mayor.))



It may be just nostalgia.
I don´t know.
But I miss u, thinie.

13 julio, 2011

Cuadro clínico: Afectación religiosa en un ateo

Probablemente, solo el hombre capaz de convertir su día en una secuencia de rituales -propios, heredados o construidos en sociedad- puede sobrevivir a la indefinición y al vacío real que constituye su vida. Eso lo dice un ateo. Yo. "No te imaginas el afán de supervivencia que es capaz de desarrollar el hombre", dice habitualmente la rubita cuando se emborracha de idealismo y cierto optimismo antropológico connatural a su forma de ver el mundo. Servir una copa, fumar, releer y teclear es un ritual. Dormir hasta el mediodía, una fórmula reiterativa de acceder a la conciencia, que entiendo como cumbre del bienestar. La tertulia de los miércoles-sábados (un concepto de fronteras laxas -la cita ordinaria del miércoles, bien puede caer en jueves o, como es el caso, en martes), la tertulia, escribía, es un acto de fe particular, un ritual para celebrar un afecto y una obligación moral: somos mejores cuando estamos juntos: cada complejo individual adquiere más sentido en la semiosfera de relaciones multidireccionales que constituimos.

En plata: "UN BAR PUEDE SER UN HOGAR-. Quedamos a las diez para perdernos entre copas, gominolas y tabaco. En las mesas de siempre, sin relojes, con el billete que gastamos cada miércoles. Nos reímos, como siempre, de esas bromas que todavía no se han agotado, de un álbum de recuerdos repetidamente deconstruidos y de una ficción compartida casi tribal. Nos quejamos de los pequeños deseos hartos de sentirse resignación, de la irresponsabilidad de todo o del simulacro de casi todo. Y tenemos el miedo de siempre, '¿Qué hay después de nada?, / ¿qué, si rasgamos el vacío?, / ¿el fondo del acantilado / se sólo otro vestido?'; Pasa la noche, como siempre, saltando de isla en isla. Pasa una ronda, y otra, y otra más... Pasamos, como siempre. Y al encontrarnos, y al despedirnos, nos abrazamos. Como siempre. Los de entonces y los de ahora. Para que, en algún instante, en momentos apenas sentidos, los niñ@ crucen sus ojos con los míos, en medio del corro alborotado, y me miren, como siempre, como si me descubrieran por primera vez".

Escribí ese párrafo hace casi una década, en un grupo de textos reunidos bajo un '20 años vestido de domingo'. Hoy apenas he tenido que cambiar algo. Y me lo traigo de vuelta, porque -auque algunas caras son nuevas y otras aún sobreviven- hay noches en las que uno se acuesta olvidando los 'me jode' y es temerosamente feliz. Quizá sea un síntoma de inconsciencia. No, en realidad, estas experiencias son, ya lo insinuaba, una cuestión religiosa: Hay en la tertulia algo de ritual. Se necesitan Luckys, Fortunas, Manitous y Black Devils; se necesita una combinación de gintonics, botellas de agua, Ruedas, cervezas y tintos de verano (extraordinariamente cabe el Johnny, el Baileys, o un ron); y se necesitan algunos montados o pinchos, gominolas, cacahuetes y conguitos. Ese es el básico del Calvo's production. Al y John, generalmente de negro con estilos diferenciados, suelen llevar consigo las gafas de sol aunque nos encontremos siempre de noche. La rubia nos regala el escote porque se sabe capaz de ganarnos antes con la maravilla de ser que es, que con la maravilla de físico que luce. Es una gozada también, verla en sus momentos de fragilidad, como una niña chica. La Dame te gana solo con sonreírte. Solo con eso te vence. No van a leer ésto todos, así que puedo permitirme el lujo de celebrarles: John es uno de los cabrones ingeniosos e inteligentes más rápidos que conozco; pero además, lejos de convertirle esa capacidad en un arrogante, es un viejoven señor profundamente cariñoso (siempre con decoro) y, ante todo, fiel. Al es un tipo de otro planeta, embajador oficial en la Tierra de la civilización Ewok, sabe manejar como nadie las seis cuerdas del sistema de cuerdas que explica la dinámica de mi universo: es la cara que aparece con más insistencia en las mejores postales de mis recuerdos y un pendejo que, en un chasquido, te alegra el día. De las niñas no se escribe más, supone redundar sin llegar cerca. Hace falta estar con ellas. Y tampoco merece la pena alargar más este prurito de exhibición. Normalmente aparecen otras sombras, los de siempre y los de ahora...

Aunque la noche funcionaba como un reloj ("Se acabó el paquete Premium"; "mmm... en la pantalla tiene otra cara, de verdad os digo que es rara"; "Ya ni siquiera me tocan marrones... tengo dos mini-brownies esta semana"; "...un vértigo como cuando nos subíamos en Egipto a las pirámides aztecas" (¿?); "Es del Opus y estoy convencido de que le mola el rollo dominatrix sado"; "El mejor pollo asado de Madrid / Sí, y unas croquetas y unas empanadillas, -pimientos no, que me sientan mal: es buena mierda"; "Tiene un rollito poppy-naïf, muy niña linda, vintage o la palabra que se os ocurra: ¿sabéis lo que quiero decir?"; "Tengo una mala noticia: A. se va a Rotterdam... ohhh -sonrisa maliciosa"; "Tengo un dilema existencial / Bienvenida al mundo real"), aunque funcionaba como un reloj, faltaba Fi en la noche.




Para todo hay solución. Desde Buckingham Palace, una foto mirador del niño llega en ese momento a uno de los móviles modernos de l@s niñ@s. Fi se cuela en la mesa mientras se sigue hablando de apuestas y de yawara. Un brindis último, la cuenta a pachas y un abrazo camino de los coches. [Esa armonía, la naturalidad y la aparente casualidad con la que se construyen momentos entre singulares tan diferentes que han respondido a la invitación del azar desplegando confianza y tiempo, resulta que funciona. Sucede. Incomprensiblemente, sucede, y me obliga a repasar ese temblor que arremete contra los cimientos de mi fiel ateísmo. ¿El milagro que me hace dudar? Consiguen llenar todos mis precipicios, para que no caiga en mis propias trampas.]


06 julio, 2011

Tomaquetoma

...es que llevo una semana flamenquito... y que me han ganaó' remezclando Ana María con A tu vera en los ojos de este extraño ser llegado de otro planeta...




((por si alguien quiere ponerse a mover el culo en el salón dando voces, el audio entero pertenece al 'Popurrí de Utrera' de Juanlu Montoya... ¿quién se viene de orquestas horteras este verano?))

03 julio, 2011

Amapolas

Cuando era pequeño, vivía en un barrio de nueva construcción. Todo lo lejos que quedaba un 'lejos-del-centro' en la década de los 80. Era una colección de casas con calle de arena y vecinos de fin de semana. En bici se podían cruzar cotos de caza y la selva del antiguo vertedero. Hubo un tiempo en el que, igual que abría las flores de madreselva para chupar la gotita de jarabe dulce que guardan en el tallo, también recogía amapolas y abría los capullos para encontrar, con un poco de suerte, cadáveres de lo que podrían haber sido flores blancas en un mundo de arbustos dominado por el rojo.

Muchos años después, calles de asfalto y una nueva ciudad mediante, en aquel páramo de "las afueras", el reencuentro con las amapolas ha sido en la cocina: Abriendo bulbos secos, hirviendo en agua la sombra de las flores y filtrando con un trapito la tisana. Por nosotros y por compartir el alma de las flores muertas. Medio Fi, un Ser engrandecido y mis dos niñas: La rubita y la dame. Tan lindas.

Nada dura mucho más que una amapola arrancada. Solo ell@s. Y ese es su gran valor. Nuestro mejor secreto. Y las cosas salen bien.

30 junio, 2011

Marina Belmonte

Se llamó durante 91 años Marina Belmonte. Nació en 1912 en un rincón de la sierra de Cazorla, en Jaén, a tiro de piedra del nacimiento del Guadalquivir y rodeada de olivares de aceituna seca y caminos pa' recoger, con las manos llenas vejigas, los garbanzos y espárragos que dejaban los mocitos tras la cosecha. Sabía leer y escribía con una caligrafía muy fina, pero no tuvo noticias de la I Guerra Mundial hasta que su hermano mayor trajo a la casa cuentos de héroes soviéticos y manifiestos contra los señoritos. "Una misa y un cerdo al año, sobra misa y falta marrano", decía cada vez que se hablaba a su lado de religión. Se puso novia con un zapatero que la llevó de feria a Úbeda caminando para montar en una noria. El cuento de los comunistas se hizo de verdad y tuvo, durante un instante, la misma tierra de siempre, para todos y, por supuesto, también para ella. El hermano de las historias rusas fue nombrado comisario, y hasta la dejaron a ella varear en aquella campaña de buena aceituna. Con tres hijos, se perdió la guerra. El hermano perdió su nombre mientras corría hacia Francia cargado con dos maletas de billetes, antes de que el bravo Jaén cayera. Con tres hijos, perdió un marido, encarcelado en el Segura, y perdió la tierra. Sirvió ella y sirvieron sus hijos desde chicos. Caminaba dos días para llevar comida a la prisión entre caminos pa' recoger, con las manos llenas vejigas, los garbanzos y espárragos que dejaban los mocitos tras la cosecha. En los 60 subió a Madrid, con su hijo y su yerno metidos a albañil, con sus dos hijas y su primera nieta, con un marido zapatero, cojo y alcohólico, que alargaba la mano cuando se le alargaban las noches. Lo permitió muy poco, era de genio duro. Pero eran años duros y pronto, de todas formas, enviudó. Ya era la matriarca de las casas bajas. Vivía en la calle 7 bis. Su hija mayor tenía ya la suya en la calle 11. Y cambió la ciudad. Y el mundo, casi. Hasta los 90 años y medio vivió sola. Saliendo a pasear a la fresca y, una vez más, antes de que anocheciera. Contaba batallas, y opinaba sobre el presente. Tenía genio, pero sabía contar chistes viejos con una gracia increíble. Su primer bisnieto fue el primero de la familia en ir a la universidad, y salía en la tele de periodista de esos, que era algo importante, seguro, aunque ella creía que llegaría a presidente. Por lo menos. Le gustaban, con sus ojillos de ratón, los cumpleaños, los santos y la fiestas de navidad, porque eran noches para beber un poco de champán, o cava, pero "ponme un poquillo más, Fernando". Solo en los últimos 6 meses perdió la autonomía y su cabeza regresó al pasado. El martes se cumplieron 8 años de su muerte. Me lo dijo mi abuela como quien cuenta cualquier otra cosa, en el coche, mientras la acercaba a su casa (de la calle 11 de las casas bajas a un piso 11ºC en Palomeras, ha pasado mi abuela -tiene su punto). Y, pensando qué quería escribir antes de terminar el mes, me ha apetecido convocarla y presentarle esto de Internet. Marina Belmonte era mi bisabuela. Me enseñó a jugar al baloncesto con un jersey hecho bola y un barreño. Con unos textos míos, dijo que si era como el poeta ese que mataron (Lorca) y que estudiase para ser alguien y no pasar hambre y ser feliz. Comía, tan menudita y arrugada como era, como una lima, y reía, la cabrona, con una alegría acojonante. Demente, un día de sus últimos meses me hizo apañarme y bajarla a la calle pa' varear la aceituna y recoger, con las manos llenas vejigas, los garbanzos y espárragos que dejaban los mocitos tras la cosecha. Me apetecía nombrarla: Marina Belmonte.

13 abril, 2011

Lizzie


Cuando entras a un museo en el último turno antes del cierre no buscas el itinerario caníbal de la visita turística o el “yo-estuve-ahí”. Cuando, en una tarde lluviosa y gris del abril londinense, entras en la Tate con menos de una hora de permiso para deambular por sus pasillos, persigues, en realidad, un solo cuadro, evitar los codazos y las refriegas curiosas que se amontonan ante los iconos más mediáticos, y conversar, al fin, con alguno de esos lienzos conocidos, antes de volver a casa.

Así entro por el pórtico neoclásico camino de la Ophelia (1852) de Sir John Everett Millais. Me atrae esa ninfa danesa y suicida, muerta ya en la instantánea pero, al mismo tiempo, aparentemente suspendida, insinuando una suerte de encuentro místico que al espectador se le escapa: Apenas sumergida en las aguas heladas del lago que le ha robado el aliento, Ofelia ya ha sido en este pasaje triturada por el despecho del héroe de la pieza, otro Hamlet distinto al que amó, extraviado en un cumplimiento de venganza donde ya no dice más aquello del “I love thee best, o most best, believe it. Adieu. ‘Thine evermore, most dear lady, whilst this machine is to him…” Adoro esa melena pelirroja flotando en torno al rostro... existe el mito de que el gen MC1R, un recesivo extraordinario, responsable del rutilismo y lo que esto conlleva (la coloración roja del cabello y la piel blanca y rosácea), no solo determina una exquisita y sufrida sensibilidad al dolor por encima de la media, sino que -dice la leyenda- arrastra una fogosidad sexual que para sí quisieran rubias y morenas... No es mi especialidad, pero hay algo en los lienzos que retratan a este modelo de mujer que me atrae poderosamente… recuerdo la María Magdalena de Lefevbre, la Dánae de Klimt, la primavera de Axentowicz y, por encima de todas, recuerdo la pelirroja de mirada esquiva que Toulouse-Lautrec serió en distintas posiciones y espacios tomando como modelo a la lavandera parisina Carmen Gaudin...

En fin, para qué más divagaciones. No es la primera vez: En ocasiones paro en la Tate a la vuelta del trabajo y, por unos minutos, observo a esta mujer que suelta su melena pelirroja en los brazos de la corriente mientras se escapa su vida por esos boca-y-ojos entreabiertos. Me alivia pensar que las historias de amor no pueden juzgarse por su éxito… así le sucedió a la misma modelo del cuadro, Elizabeth Siddal (1829-1862), la muchacha británica que Millais inmortalizó en el papel de la hija de Polonio, una sufriente “profesional” que llegó a quedarse helada sumergida en una bañera mientras el pintor prerrafaelita diseñaba su retrato... La misma Lizzie Siddal que se rindió en los brazos de un gallardo Dante Gabriel Rossetti, y a quien éste mismo desposó y abandonó después de haber sido padre de una hija muerta: el hombre por cuyo Adieu, la Ofelia histórica del XIX inglés terminó arrastrada por la corriente, tras una sobredosis de láudano, con apenas 33 años...


12 abril, 2011

G.B. variatio (1)

PALUMBICIDA

Maté una vez 
a un par de enamorados
me dio pena
la justa

primero murió él
un tiro en la cabeza para aplacar su sed
y evitarle el despecho

/ de nada /

mustia
Ella
zurea
sobre el cadáver tibio y recién perforado
de su alfa semental
por un balín trocado / de aquí en adelante /
en macho omega

-BANG-

/ no llores más / paloma
muerta
con tu muerto pichón

yo no soy cazador solo mato en mi casa
a veces por desidia
a veces por amor

(Crítica II, 2011/04/12)

08 abril, 2011

Ficciones reales (1)

- Compi, me puedes regalar un cigarrito...

- Lo siento, me quedan dos y no regalo veneno.

- Venga, uno para ti y otro para mí... que nos quitamos 5 minutos de esta mierda de vida.

- (mmmm) Toma, quédate los dos, pa' mí los 10 minutos.

(Lavapies, 07/04/2011. 23:55 -más o menos-)