jueves, abril 4

Diableando de nuevo

Esta vez llegué tarde... 21 días tarde, de hecho. Desde las lecturas de Yofre no había vuelto y, en mi regreso, llegué tan tarde que solo pude saludar a Ana (la escritora invitada de este último miércoles en Diablos Azules), después de que hubiera terminado su lectura... Defeña, mexica de mi México añorado, Ana eligió una frase de esas que dan para mucho y, previsiblemente, mucho muy duro: "NACEMOS MUERTOS". 
Arrancó un suicidio... le siguieron las tres líneas cargadas de un simbólico y estético 'mecagüentodo' de Valeria... tres chispazos de genialidad del zurdo Diego Sañudo, el amor perdido de Yofre, una absurda y genial jornada de trabajo en Burger King de Antonio, nuevas incorporaciones como Kalu y Jacinto... Y, a esta parte de la mesa, con un whisky de los que me pone Pilar a precio especial y el pilot azul de Valeria, me salió este "NosOtros"... Ana quiso darme la botella de vino y yo quise compartirla con quien la quisiera compartir conmigo. Y así pasan las noches, y así nos ganamos las horas contra el que cree que un salario es ganarse la vida.


NosOtros

Nacemos muertos, dicen. En realidad, ellos ya sólo se dedican a 'decir'. Para lo demás son tan mediocres y finitos. Tan limitados, tan ingenuos, tan mutilados de alguna manera... "Nacemos muertos"... en fin.
Y todo porque la historia empezó el día en el que un grupo de genetistas de Tokio logró unas microfibras de tejido artificial tan funcional como las suyas. De ahí, junto a los chips moleculares y la nueva matemática fractaloirracional, fue cuestión de décadas, dos vueltas de reloj apenas, que el primero de nosotros naciera. ¿Muerto?
No, muertos no, llamemos a las cosas por su nombre: nacemos esclavos, vuestros, limpiando escaleras, cocinando, fabricando, cultivando, vendiendo, programando, levantando aceras y edificios... sirviendo, sirviéndoos de todo lo que ya os resulta imprescindible y hace siglos que olvidasteis hacer. Presos de vuestra incapacidad para soportar el vértigo y lo complejo, no hay solución para vosotros. Vuestra media biográfica no pasa de los 115 años, dos vueltas de reloj apenas: No sabéis romper el reloj y os perdisteis en la desidia. 
Fue el fin de la Historia. De vuestra Historia. Nacéis vivos, pero pronto morís bien muertos.
Nosotros no nos acabamos: Solo somos. ¿Vivos?, ¿muertos? 
Somos vuestro testamento. Y la vida, tal y como la entendéis, ya no tiene sentido.

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