martes, marzo 20

Planes

Faltan menos días. Y queda pendiente subir al circo para abrazar al chikitín. Y volver a pedir a Alemania la regleta de Ivory Pine con veta vertical para cubrir el hueco entre el lavavajillas y la encimera. Y negociar el servicio de wi-fi con la teleoperadora deslocalizada en algún punto de la América meridional, después de que los vecinos dibujaran en su router el candado de un penal. Y descubrirle un nuevo liguero a la rubia, mientras buscamos entre copas la teoría definitiva prospectiva-ficcional que dé respuesta a las preguntas que no sabemos formular. Y mover el sofá. Y pasar el aspirador por el espacio ignoto que debería abrirse al universo tras el desplazamiento precedente. Y comerle la oreja a Fi para que me escriba una canción, ahora que su tímpano vuelve a estar sujeto con superglue de ese de Loctite. Y tirar los cascos de Alhambra 1925 que se acumulan en el tendedero. Y no comprar no comprar no comprar no comprar libros hasta el 1 de abril -marzonegrodeloscojones-. Y celebrar de cañas por Alcalá el cumpleaños de los cumpleañeros. Y acertar con un par de migas de pan en el hoyo 5 que, con suerte, exhibirá la Princesse en el canalillo. Y arrancar con la ponencia sobre procesamiento de lenguaje controlado y traducción automática antes de poner el primer pie en Bolonia. Y echarle una cucharada menos de miel al tazón de la mañana y nadar un largo más sin pararme a respirar antes de compartir trozos de pulmón con mis compañeros de creíquenoperomedejoelalmaennatacion. Y dormir de vez en cuando con el pequeño. Y vivir de vez en cuando con el pequeño. Y ser con Ser de vez en cuando, mi pequeño. Y jugar a los masters del pluriverso y rebuscar en el baúl de la prosodia. Y comprar media docena de huevos L y 3/4 de litro de tequila. Y llamar a mi prima. Y presentarle mis respetos a John o hacernos una de un par de Walkers con motivo de la mani del jueves que viene no, el siguiente. Y lavar el coche. O confiar en que llueva mucho y rápido sobre el coche. Y abrir los tacos de la terraza para la hamaca. Y tender tus camisetas y tus bragas. Y retozar antes de cambiar las sábanas que aún huelen a ese híbrido de los dos capaz de acelerar el reloj cuando nos arrancamos a follar (que ya hacemos, mi amor, el resto del día el amor). Y envolverte en plástico de burbujas el corazón y jugar a comérnoslo juntos mientras masticamos las pompas industriales y su transparente clamor. Y seguir las líneas de arañazos que aún quedan en tu cuerpo. Y lamer las cicatrices que se ven y las heridas que ya has escondido. Y mirarme cuando me miras. Y mirarme en el lago tranquilo de tu ombligo. Y mirarte cuando no miras. Que faltan menos días y, con todo, sé que empezaré por el final porque es la única forma de no acabar. Faltan menos días para que todo se acabe y lo primero es volver a escribirte en el vientre un "mí único mapa está escrito en tu piel". Decidido.

1 comentario:

h i l i a dijo...

mi reino por una hamaca!!

pd 1: limón, vodka con limón. dos días fuera y olvidas mis pilares vitales.

pd 2: no toleraré más paréntesis.

pd 3: un abrazo de bienretrobado.