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23 diciembre, 2014

Correspondencia sin conciencia

¡Ay, morena!, ¡qué lindo saber de ti!

Disculpa la tardanza en la respuesta. 

El otoño me pasó por encima la víspera misma de la visita al Escorial. 

Desde que vestí entonces las legañas saladas de la primera mañana, 
han pasado ya unos cuantos cafés y un buen de cigarros, 
comidas en familia, 
solsticios de infierno,
abrazos de postverano,
mediorgasmos,
cenas,
cañas,
colchas,
bañeras,
local de ensayo... 
y si a eso le sumas la compañía del tequila estufa 
que me escuda en la lucha contra el hielo
ahora que dice el parte oficial que nos arrancó el invierno 
y habrá que resguardar los besos para que no se resfríen, 
se me terminó de hacer humo el tiempo y no sé decirte siquiera quién fui.

Pero el hecho es que te volví a encontrar 
caminando con la punta de los dedos por la orilla de tu espalda, 
y allí te convoqué de nuevo, 
a ti, 
ese irreal que eres en el recuerdo de cada presente,
esa morena de los buenos vicios que encontré en el fin del mundo a las puertas de Filología...
y mucho hacía, 
mucho, 
que no repasaba tus ficciones, 
tus lunares desperdigados, 
las cartas escritas a pausas, tachones y premuras en la bandeja de tu correo capilar... 

que si, que ya era hora de escribir, lo sé.

Y, mira tú, se me puso el alma temblona. 

Será el frío que cae en Madrid. 
Será por eso de vivir. 
Será que algo del calor de tus muslos me calentó las tripas y me agarró el costillar, qué sé yo. 
Bueno, sí, 
sé que enero está ya ahí y que me viene encima un cinco hecho de tres y dos; 
que no podré comprar un boleto aún para desaparecernos 
aunque pienso seguirte allí donde aparezcas; 
y que, 
por el momento, 
es el momento quien manda 
y andamos con la bandera a media asta y las palmas encallecidas para levantar la enseña que nos ice en primavera como otro nosotros. 

Y es que dijo Enrique que una retirada a tiempo siempre fue una derrota. 
Y Joaquín dijo anoche que el pasado es la historia que nos contamos. 
Y digo yo que algo más será la memoria, 
pero no esta discordia que ni fuimos ni debemos ser. 
¡Ay, cómo pega el querer, bebido así a tragos largos!, 
¡qué kamikaze!, ¡qué lanzador de cuchillos!, 
¡qué baño compartido entre dos cuerpos hechos la misma espuma!, 
¡que jodida aventura es volver a la batalla 
y qué ardor me sube hasta la mirada para enfrentarla!, 
¡qué milagro sangrar para creer!, 
¡qué obra de arte creernos otra vez la misma sangre! 

Y ya, perdón,
que otro día será otro encuentro. 
Y nos quitaremos y nos pondremos máscaras mientras las lenguas de cada cual recorran pieles
y el tacto de mis rincones descubran el calor de tus interiores. 
Perdón, 
llámame grosero o descarado, 
pero ahora mismo eso es lo que salió del teclado 
y, antes de llamarte para el próximo abrazo, 
solo me sale empujar este recuerdo inmediato contra la pared, 
separarle las piernas, 
levantarle los brazos, 
y abrirlo a media altura 
en una secuencia de navajazos húmedos de esos que afilan gemidos imprevistos.

Qué pendejo, dirás... 
uno dispara palabras porque nunca fue amigo de las balas 
y sabe que las cicatrices que dejan los poemas son el orgullo de aquellas guerreras que apostaron su vida por la vida contra la barbarie. 

Y si no, 
di que esto fue un sueño, 
diré que nunca dije...

...y en otra nos vemos, pantera, 
cuando gustes,
cuando sea.
Ya. 

Un beso transcapitalino en diagonal 
hasta el centro mismo de la diana.

22 julio, 2012

Síntomas de incosciencia (XXVI): Confesiones ficticias, amore



Roma no está fuera de mí, sino dentro de mí. Su febril dulzura, su campo trágico, su propia belleza y armonía... todo ello es mío, de mis pensamientos y de mis obras. Así describía Amedeo Modigliani su relación con la capital italiana, allá por los primeros años del siglo XX. 
En esa misma Roma, cien años después, vi yo por primera vez sus cuadros en una exposición temporal del Museo Centrale del Risorgimento, entre los restos no expoliados del anciano Foro, junto a la reproducción de la Loba -la etrusca y madre filántropa (algunos dirían "inconsciente") de los descendientes de Eneas-, y pared con pared con el esperpento del monumento a Vittorio Emanuele II. 
Allí compré una postal con este desnudo reclinado de Modigliani. Era un puente de diciembre y hacía mucho frío en Roma -Roma es así, muy fría o muy calurosa. Extrema. Adictivamente insoportable-. Frío como el frío que congeló el cuerpo de Jeanne Hébuterne en una carretilla la noche de enero en que se dejó caer de la buhardilla que compartía con Modigliani pocas horas después de la muerte del artista. Ese Modigliani bebedor y tuberculoso fue mi primer Modigliani. Anterior al Modigliani romano que se cruzó en mi camino aquella mañana de diciembre. 
Puede que en algún episodio previo y no recordado de mi adolescencia apareciera ya Amedeo, pero mi primer acceso consciente surgió en un libro de reportajes de verano, escrito por Rosa Montero para El País, sobre amores trágicos y legendarios en la historia Occidental. Cuando vi por primera vez, cara a tela, el lienzo de Modigliani en ese museo municipal de la cuesta de San Pietro in carcere, también yo creía en la lápida fría de la bohemia y también vivía el ocaso de una suerte de amor poco recomendable más allá de la inercia y de la carne. 
A las 6 de la mañana de ese mismo día había estado hablando con El Moisés de Miguel Ángel en San Pietro in Vincoli -un sacerdote me dejó pasar a la basílica con verdadera caridad cristiana, después de verme congelado en la plaza esperando que abriese sus puertas el templo a las 8:00, mientras él barría el suelo de la escalinata, antes de que llegaran turistas y devotos-. Frente a El Moisés descubrí que se puede hablar con ciertos seres no humanos: Hay quien habla con plantas, con animales, con el televisor... Yo hablaba en ese momento con papeles, piedras y telas. Y hablé con El Moisés con mucha resaca, como se habla con esos mejores amigos de las madrugadas. Horas antes había bebido demasiados caballitos de tequila mientras le contaba un cuentacuentos a Alice. Representaba en primera persona la historia de una pareja de narquitos mexicanos enamorados y muertos por el negocio, claro... Rondando los 20, no hay historias "de amor" sin tragedia. Y aquella noche lloramos mucho Alice y yo. Yo muy borracho. Ali muy sobria. Conscientes los dos de que aquello que habíamos llamado a-m-o-r había llegado a su fin. 
Y así se lo conté a El Moisés. Así creí que había gastado, después de dos oportunidades, cuanta leyenda sentimental tendría la opción de vivir: Tocaba, de ahí en adelante, un punto y aparte en el tránsito que, desde los 14, me había hecho volar de los versos de Neruda y Miguel Hernández hacia el francés de Rimbaud y Verlaine, con su bien de Werther de Goethe, el Don Juan byroniano, la llantina leopardiana y la belleza-verdad de Keats. 
Encontré en el desnudo de Modigliani otro Modigliani y otra nueva narración belográfica: En lugar de pensar en absenta, me dio por pensar en Brancusi; en lugar de encontrar a una prostituta mirando y exponiéndose a la transgresion, se me fue la cabeza a la línea perfiladora del Giotto, al color de las fieras y a cierta depuración que, mirando hacia atrás, puede ser uno de los impactos emocionales más potentes de los años que llevo dando vueltas por aquí. Claro que, sin apenas dormir, resacoso, sin fe en el mundo y después de confesarme ante una estatua de mármol de Carrara, no parece tan difícil construir un puente medio místico hacia cierta totalidad, arrancando en la diagonal que avanza desde la cabeza de la modelo, en la esquina superior izquierda del lienzo, para perderse a medio muslo en la esquina inferior: 
Desde entonces me vi, fuera del marco, haciéndole cosquillas a esta señorita en la cara posterior de las piernas, en ese valle que forma la unión del muslo con el gemelo, despacito, con la yema de los dedos, jugando en la cueva que se crea en la cara opuesta de la rótula... De ahí la sonrisa más que insinuada de la modelo en el retrato. 

"Dime, Pablo, ¿cómo cojones te puedes follar un cubo?", dicen que le preguntó Modigliani a Picasso una madrugada en París, a lo que el malagueño replicó, "¿Tú por qué me odias tanta, Amedeo?", "Te quiero Pablo, es a mí a quien odio". Ese es el odio que fui cultivando: Cierto nihilismo cínico. Cierta ironía destructiva. Cierta caída. / 

Harían falta un par de años de vuelta a Madrid para que una niña rubia reinventara una nueva leyenda, vacía desde el principio pero capaz de traer a las paredes de mi habitación aquella postal en una reproducción de 70x40cm. Fue en una retrospectiva del Thyssen y la Fundación Caja Madrid. Modigliani y su tiempo, o algo así. Traté de pintar un firmamento con pintura fosforescente en las paredes de mi habitación. Pero aquel odio cultivado había enraizado. La mentira comprometida era mi principio de acción: "Mentir a la nada, ese es mi único poder: ser un personaje. La verdad es que eres nada, pero una nada capaz de crear infinitas mentiras. Así que miente con elegancia, sé un compromiso". Eso escribía yo por entonces: pasé de adolescente romanticón embohemiado, a joven postmoderno y existencialista comprometido. El orgullo de la casa, vamos. Un tesoro: Etiquetado. Y Se acabó la rubia. 

Os confesaré algo. Por aquellos años me salvaron Sterne, Marías y Cervantes. Capitulé como poeta. Recapitulé. Fue el origen de un nuevo momento que, a fuego muy muy lento, tomaría cuerpo más allá del papel, las piedras y los lienzos. Más importante aún, al otro lado de los versos. Wilde sin frustración: Hay una posibilidad de hacer de la vida una obra de arte. Existe la posibilidad de hacer de la vida una obra de arte. Tenemos la opción de vivir felices. / 

El desnudo reclinado de Modigliani mira a la cama de mi dormitorio desde hace años. Esa reproducción veía diferentes desnudos reclinados y sudorosos en mi habitación cuando yo vi a la pantera por primera vez: Durante una exposición sobre el capítulo VI de la primera parte de El Quijote, ella se inventó un cuento que más de uno dio por real. "Bellezón... Qué cabrona más inteligente se esconde detrás de esa desconocida" -pensé. 
La verdad es que estaba hasta los cojones de escritores, poetas, musos y musas, por entonces. Con mis chicos, me declaraba NO-artista. En aquella vuelta a la universidad no había tiempo para hacer nuevas amistades en un mundillo que había caricaturizado en mi fuero interno. La extinción de la fe provocó cierto desplazamiento en el continuo temporal -que diría el Doctor Emmet Brown- y tuvo que pasar un año hasta volver a Verla. Un año hasta que un cigarro abriera la puerta a un nuevo pelotazo emocional. 
Y así fue. 
Así fue como empecé a hacer el amor con mucha más frecuencia que a hablar o escribir de amor. Así fue como follar no volvió a ser fallar. Así fue como, por primera vez en muchos años, una Mujer desnuda relevaba al desnudo reclinado del cuadro. / 

La modelo de Modigliani mira desde el cuadro en mi habitación hoy cómo cosquilleo la parte posterior de la pierna, desde el tobillo hasta el pliegue del culo, de una morena a la que regalo cada mañana el alma.
La obligación de ser feliz nació el día que, con Cervantes, Sterne y Marías, releí mi biografía con la intención de no morir ni matar en vida. Vaciarme fue con ella. /

Ahí sigue en la habitación "mi" Modigliani.
Roma es hoy mi familia.
La literatura un vehículo ocasional.
Y una relación sentimental el gran proyecto para hacer de la vida una obra de arte.

Perpetuar es despertar a tu lado, morena. La modelo no ha dejado de sonreír. Feliz. Porque la felicidad no está fuera de mí, sino dentro de mí. - escribió Modigliani - Su febril dulzura, su campo trágico, su propia belleza y armonía, todo ello es mío, de mis pensamientos y de mis obras. /

CODA: Mañana firmo en tu nalga izquierda. Pasado me pintas una flor en uno de mis lunares rojos. Al otro, invito a japo. Follamos. Fumamos. Recitamos. Cocinamos. Viajamos. Planeamos. Quedamos. Y así. Felices -una jodida obra arte-, nos vamos.


A Alice y María.
Y, sobretodo, a TI, que ya lo sabes.


18 julio, 2012

Lo normal es que pasen cosas

Sucede.
Suceden cosas.
Lo normal es que pasen cosas.

- "Morena, ¿estás vestida?"
- "Sí, claro... en casa, yo qué sé, con ropa fresquita..."
- "Vístete y prepara un cigarrito de esos de liar con picadura sorpresa. En siete minutos estoy en tu portal."

Un Civic cruza entonces Raimundo Fernández Villaverde mientras una mastodóntica Eva González con vestidito de flores dice en la fachada del Corte Inglés que "le encantan las rebajas". Semáforo en rojo. "¡A mí lo que me encantan son sus dos sonrisas, Eva!, ¡tú no has visto a esa morena!". Verde.

Quedan cinco minutos.

La tarde ha empezado en un local de ensayo: Un proyecto para un disco de 13 temas. La sección instrumental está casi terminada, y los chicos piden texto y voz. Pero nada de vocalistas: Un rapsoda. Eso sí, el previsible escritor y rapsoda exige ritmo. "Esto tiene que arrancar muy arriba, muy muy arriba... Es el pelotazo que te entra cuando le arrancas el primer beso a la morena, ¿sí?... y de ahí nos volvemos a la tierra... despacio, con una subida de tensión sostenida, muy despacio: sonidos y seducción elegante: diálogo contenido. Hasta recuperar el pinchazo de la intro y desde ahí ya no paramos, desde ahí hay que subir y subir y subir y subir... es un polvo, señores, es una estructura narrativa nacida de lo sentimental, una jodida búsqueda extática que nos sofoque, que nos haga sudar, que nos obligue a dejarnos las tripas, y subir y subir y subir y subir hasta lograr abrir un arañazo en la superficie del océano, para, allí, mientras vuelven a llenarse los pulmones y a cicatrizarse las heridas abiertas en las cuerdas del bajo y de la guitarra, dejar que el teclado llene el horizonte, que lo aleje y lo aproxime como cuando uno mira correr un río... cerrar después con los mimos del que regresa y, cuando parece que nada queda, una coda, una coda fuera de lugar, disonante, de a poco, de..." Todo eso sucede en un local de Vallecas. Entre caballitos de tequila y cerveza.
Y cuatro horas más tarde solo quedan dos minutos.

- "Morena, ¿estás?"
- "Bajo".

Y baja:
Aparece una amazona con la melena encendida.
Una sirena que trasmina la noche, desde el portal hasta el coche, creando olas en el aire con el movimiento del culo al caminar.

- "Guapa" - . Sonrisas. Un vestido hasta medio muslo. Escote recto. Hombros desnudos. - "Te llevo a la playa"
- "Quizá sea mejor quedarnos un poco antes... creo que estás un bocomorrasshoo"
- "A la playa, morenita, te llevo a la playa a deshacernos... que no puedo, que me rompo, que quiero romperte, beberte y deshacerte... que quiero batirte y batirnos, a hostias y a mordiscos, batirnos en duelo, primero, y batirnos después, entre las hélice del tiempo, batirnos hasta licuarnos y ser sangre de la misma sangre hecha una sangre sola... ¡¡FELICES!! Mira, escucha:"


Y suenan en el parque las risas. 

- "¿Por qué no vamos entonces a la casita a adorarnos, morenito?". 

Y sucede. 
Vuelve a suceder. 

Enciende el cigarrito aún en el interior del coche, y le regala el humo bañado en breves / leves caricias con los labios. "...pasa para mi casa que ya te tengo loco de amor..."; "y me pongo a jugar con sus braguitas rosas... aquí lo normal es que pasen cosas". El aire de la madrugada mueve los árboles frente a su casa. Él hace equilibrios en la acera y soporta su figura apoyado en la mano de la morena. No hay viento que pueda con ellos. 

- "¿Bailas?" 
- "Anda, pues claro". 

Y bailan. 
Y él le agarra el culo. 
Y bailan mientras bailan en torno a ellos las aceras. 
Y él le pide que le enseñe el culo. 
Y se distancia cuatro pasos. 
Y ella se levanta la falda, tan elegante como discreta. 
Y ahora son sus ojos los que bailan en la superficie cálida de esa piel revelada. 

Rebeldes. 
Desobedientes. 
Felices frente al desahucio que pretenden los amargados.  

Our yesterday (**)


Espera arriba la gata. Y un tinto de verano. Y un par de cigarritos últimos. -Secuencia impresionista: Un masaje con gel verde de aloe vera. La alarma para mañana. Los dragones del sueño. Las últimas luces de la ciudad. Dormir en un abrazo sobre una misma ilusión. Otro día más-. Ella podría llamarse Eva. Y él bien podría ser Adán. 

Porque las cosas pasan. 
Porque ella sucede. 

Porque Dormido quiere convenceros de que hay una revolución en marcha. De que se aproximan las casas. De que sonríen las caras. De que nadie ni nada va a devolveros privilegios absurdos de una sociedad (dicen) nacida para morir de consumo. PORQUE nada ni nadie puede robaros vuestro desnudo. Porque ser feliz no se piensa: no se planifica: no se estudia: no se construye: Se es. Y se es feliz como arma contra todo lo superfluo. Ser feliz... ser feliz... ser feliz... para que, cuando nos vean los infelices, los deshonestos, los envidiosos, los crueles, los vivos-muertos-y-consumidos, no les quede más remedio que sucumbir, presentar la rendición, extinguir sus linajes y dejar que vuelva a sonar la única canción posible en el viaje de una vida breve / leve... Como los besos, feliz viaje: 







**Pintura de una señorita "con acuarela en las venas": Anna Dart

07 diciembre, 2011

Síntomas de inconsciencia (XXIV)

Segunda cerveza antes de comer. Latas yonki, segunda al 70%. Y pipas. Media bolsa es un beso salado. Antes de cenar. Segunda línea y Poética de la ficción: ...tanto mentira es mejor cuanto parece más verdadera, y tanto más agrada cuanto tiene más de lo dudoso y lo posible. Hanse de casar las fábulas mentirosas con el entendimiento de los que las leyeren, escribiéndose de suerte que, facilitando los imposibles, allanando las grandezas / suspendiendo los ánimos / admiren, sorprendan, alborocen y entretengan. (Quijote, I:47). Modernismo como nota mental para el fin de semana, con el monótono llanto del violín de Verlaine y la bañera helada de Elizabeth Sidall (Me alivia pensar que las historias de amor no pueden juzgarse por su éxito… De hecho, así le sucedió a Lizzie (1829-1862), una muchacha británica que Millais inmortalizó en el papel de la hija de Polonio, una sufriente “profesional” que llegó a quedarse helada sumergida en una bañera mientras el pintor prerrafaelita diseñaba su retrato... La misma Lizzie Siddal que se rindió en los brazos de un gallardo Dante Gabriel Rossetti, y a quien este mismo desposó y abandonó, el padre del que nació una hija muerta, y el hombre por cuyo Adieu, la Ofelia histórica del XIX inglés terminó arrastrada por la corriente, tras una sobredosis de láudano, con apenas 33 años...). Hoy en el mundo solo existe una gata. La señorita Tití Ronrón, herida y grapada para completar su ciclo de vestal. La pantera ha salido a cazar Y tiembla la selva Y el primer café de la mañana sienta mal. Por eso bebo cerveza. La segunda lata antes de comer. Todo clásico con ciertos rudimentos en prosodia sabe que los alejandrinos monorrimos son la técnica básica del cansineo. "Dios ha muerto; Marx ha muerto; y yo mismo no me encuentro muy bien" (Woody Allen). Quiero besarte en cuaderna vía. Y amancillar la festividad de la virgen. Y aprender a atarme los cordones como dicen que en Lepe los atan. Y sacarte una sonrisa salada. A cambio de media bolsa de pipas, dos cervezas después. Un mal verso más tarde. Corrijo.

¿Y si es sí?

Se acerca el invierno (Stark's dixit), disculpen, pues, si hiberno.

26 agosto, 2011

Síntomas de inconsciencia (XXIII): Cabrones...

...no dejan vía abierta para la transgresión.

Durante milenios, el desvío se ha castigado con el exterminio: Las diversas estrategias de control social -llamese educación, llámese moral- no siempre impedían la herejía, así que al apóstata potencialmente peligroso de modificar el orden instalado se le abandonaba sin víveres; se le abría la cabeza con una piedra; se le aseteaba; se le quemaba en hogueras; se le abría en canal con una aleación metálica bien templada; se le desmembraba en lechos de tortura o con un par de bueyes; se le bayoneteaba; se le baleaba; se le gaseaba; se le electrocutaba; se le pinchaba una inyección de químicos letales... la heterodoxia, sencillamente, se saldaba matando al heteredoxo. Fin.

Pero el sistema aprende de sus errores. Crece. Y se hace más fuerte.

Hoy, ofrece un simulacro de hedonismo y trata de llenar estómagos entre los grupos productores/consumidores, al tiempo que margina y aliena a los habitantes del espacio productor en la base de la pirámide. Cabe el desvío, por supuesto, pero, como explicara 'El arquitecto' ("Tu vida sólo es la suma del resto de una ecuación no balanceada connatural a la programación de Matrix. Eres el producto eventual de una anomalía, que a pesar de mis denodados esfuerzos no he sido capaz de suprimir de esta... armonía de precisión matemática. Aunque sigue siendo una incomodidad que evito con frecuencia, es previsible y no escapa a unas medidas de control, que te han conducido inexorablemente... hasta aquí. (…) Como decía, descubrió una solución según la cual el 99% de los individuos aceptaba el programa mientras pudieran elegir, aunque únicamente lo percibieran en un nivel casi inconsciente. Aunque esta solución funcionó presentaba un importante defecto de base, con lo cual generaba una contradictoria anomalía sistémica que de no regularse podría poner en peligro el propio sistema. Ergo, si no se regulaba a aquellos que rechazaban el programa, aunque fueran una minoría constituirían una creciente probabilidad de desastre." Matrix Reloaded) el desvío se incorpora al sistema como una novedosa - creativa - impulsiva - reaccionaria/visionaria - anecdótica - curiosa - expresiva - connotada - 'underground' - llamativa - interesante - novedosa - peculiar - 'artística' - simpática - sugestiva - jovial forma de expresión que 'debe respetarse', de carácter potencialmente olvidable y, si no, cláramente vendible, asumible por el circuito consumidor o relegable a los círculos de culturetas - outsiders - ¿intelectuales? - eruditos - marginales - raritos - fashions - ¿revolucionarios? - extravagantes - elitistas - clasistas - soñadores - idealistas - papanatas - vendeburras y demás tribus coyunturales.

Si el transgresor tiene éxito, gana un premio de reconocid
o prestigio mundial, o un contrato en una gran multiplanetaria, o un puesto en una fundación 'social'... incluso se le puede denominar 'artista', héroe regional de la aldea global, REFERENTE, un individuo más en la ecuación no lineal que habrá que anotar para la próxima edición de historia de los bachilleres o para la lista de pendientes en las necrológicas de la prensa mundial (nota al pie: 'Back to black' de Amy Whinehouse es, a día de hoy, el disco más vendido en la historia del Reino Unido; no digo más). El sistema asume el desvío como postales en un camino taaaaan variado (pero no por ello bien asfaltado) de lo normal, de la homogeneidad variable de la doxa uniforme: Fukuyama. Ya lo escribí un día: El artista es el hombre que danza encadenado -Nietzsche-. El individuo, a secas, es el encadenado. Unos danzan, otros se entretienen con un I-pod, otros hablan, otros pintan, otros hacen números, otros cerámicas, otros duermen... pero todo sucede como sucede en Nueva Zelanda:



Una vez "ésto" fue Bansky. Y parecía un desvío. Hoy es la campaña publicitaria que el gobierno neozelandés ha contratado con fondos públicos para atraer a la ciudadanía al cuerpo de Policía... ni siquiera queda la burla... no hay transgresión posible: Cabrones... hay que reconocerles su acierto...

...pero disculpen, caballeros / señoritas, si un día de estos no despierto.

23 agosto, 2011

Síntomas de incosciencia (XXII)

TRAS LA PISTA DE LA ARISTA...

...predicción de cupletista:

Anochece tinta y vino
entre dos piernas abiertas:
Se avecina una reyerta

en tu cruce de caminos.



Para matemáticos y físicos -entre otras mentes preclaras-, una "singularidad" es, básicamente, una paradoja inexplicable.

Está ahí.

Sucede en los sistemas de papel.
Podría reflejar realidades físicas tangibles.

Pero no hay teoría que pueda explicarla.


Una singularidad es un colapso de lo cognoscible.

Es una indeterminación.

Es el punto a partir del cual todo lo demás es impredecible.

Es tender a infinito.



Son tus piernas


dando la vuelta a mi universo




- Acantilado (no tan) Pacífico. Nueva Zelanda. -



- Ying yang. Shanghai. -



- Zarina de verano. San Petersburgo. -



- Teatro de sombras. Praga. -



- Batería en La Scala. Milán. -



- Atasco en el centro. Madrid. -



- Llamada a la oracion. Essaouira. -



- Sóngoro. La Habana. -



- Caminito en la sombra. Buenos Aires. -



- Fin. Chihuahua. -


10 agosto, 2011

Síntomas de inconsciencia (XXI): La agudeza de lo esdrújulo



Problema
pues
mira
qué
tú



"...pues mira tú qué problema..."

...pero es que siempre he sido

de triángulos y vértices,

de dormir y arañar...

Yo me acuso:

Ginófilo.
Porque hay islas con playas con vacas

y existen fotografías prohibidas

en las sábanas arrugadas

de palacios okupas:

En la incógnita,

surge la luz.

Para mí.

Tú.


Absurdo lógico-referencial
discúlpeme
despierto
madame
pues
no
si



28 julio, 2011

Síntomas de inconsciencia (XX)




Vocación barranco, decía. Y sucede que hay mudanza en la casa, y que mira cada libro antes de guardarlo en cajas y que se encuentra con dos arranques de Marías ("No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde..." -Tu rostro mañana-, "...se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados" -Corazón tan blanco-). Un tequila y la curiosidad lleva a un videoclip de Sigur Ros, unos islandenses con letras en su propia lengua (vonlenska). El videoclip se llama Glosoli ("sol resplandeciente") y, cuando comienza a sonar en el salón, sucede que hay mudanza en la casa, y que sigue con el dedo una línea entre páginas y que se encuentra con una frase de Humbert en Lolita, "Y al fin me encontré en medio de la llovizna del día moribundo, con los limpiaparabrisas en pleno funcionamiento, pero incapaces de detener mis lágrimas". Se le antoja tóntamente un helado de vainilla en la noche más fresca del verano y alimenta el capricho de acabar jubilado viviendo en un barco. El tequila ralentiza la frase y la curiosidad ralentiza la mudanza. Algunas noches sale todo y otras noches no sale nada. No ha llenado más que una caja. Y suenan en bucle los sigur ros. Y, en una de ellas, justo cuando los niños saltan por el acantilado, sucede que acaba por hoy la mudanza en la casa, y que un buen comic destaca por altura en la montaña y que en él lee como el Peter Pan de Losail le dice a Campanilla "No quiero nada que me una a este mundo. Les dejo con sus historias. Yo lo olvidaré todo, Campanilla, lo olvidaré todo. Sí... ¡todo! ¡Menos quién soy! Seré Peter Pan para siempre, un niño eterno... mira, Campanilla mía, ya sea lo bueno o lo malo, todo acaba desapareciendo... solo los sueños perduran. Vámonos de aquí. Mi destino está en otra parte". El traslado de la estantería puede llevar su tiempo. Ése es despierto.

24 julio, 2011

Síntomas de inconsciencia (XIX)

Para Lotman el símbolo es un contenido que sirve como plano de expresión de otro contenido. Que un cabronazo acribille a casi 90 adolescentes en una isla con forma de corazón es una injusticia. Y, además, un símbolo bien jodido de tragar sobre ciertos rincones del hombre. Ciertos momentos que conocía bien la Winehouse -otra injusticia: quedarnos sin su voz-, y ciertos pliegues del individuo que sabía rescatar Lucian Freud en las arrugas de sus retratos. Resulta que EEUU puede declarar una quiebra y a lo mejor no pasa nada. O, a lo mejor, la bolsa del petróleo iraní que pretende atraer capital de Wall Street le dé un zarpazo al dólar. El último viaje del transbordador Atlantis de la NASA es un símbolo, los yankis ceden el espacio. Hoy volvía a torear José Tomás después de bailar con la pelona en México hace unos meses y, con distintos significados, en Valencia mataba a dos toros un símbolo. Ha ganado el Tour Cadel Evans, un australiano veterano que se queda mañana las fotos en los Campos Eliseos de París. No es el mejor en nada, pero le ha echado más huevos que ninguno. A lo mejor se esconde ahí un símbolo. Si no, ahí queda. Baudrillard dice que todo es un simulacro: contenidos sobre contenidos sobre contenidos sobre contenidos... Algunas veces, el mundo se encarga de contradecirle: El He-man noruego es un hijo de puta sin duda alguna; las muertes de la Winehouse y de L.Freud son un suicidio de la belleza y su mito será siempre una flor cortada; el sistema económico está jodido; la moral en el arte es otra realidad bien jodida; y la satisfacción edulcorada de ver triunfar a un ciclista más cerca del mortal sedentario que soy genera menos leyendas, eso sí, pero más ilusión. El blog corre el peligro de llenarse de charcos de conciencia. Hay dos cartones de tabaco en la mesa. Mañana compro hielos. Adiós, en sueco, se dice adjö. Nos vemos, vi. Volver de vacaciones y recibir tanta información de golpe es como el gancho de Ali a Linston en el 65. Te deja gilipollas. Eso es esta entrada. Una gilipollez encubierta...

...disculpen, pues, si el idiota no despierta.

15 julio, 2011

Síntomas de inconsciencia (XVIII): Deducción de atrás a adelante

“Las chicas buenas van al cielo, las malas a todas partes"


"Sólo se vive una vez, pero, si lo haces bien,
una vez puede ser suficiente"

(Ambas citas pertenecen, o dicen que fueron dichas, por Mae West)

Acaba el día 14 con una enorme luna ¿llena? Los mexicanos dicen que en la luna se ve el retrato de un conejo (y algo debe haber, porque los japoneses, al otro lado del Pacífico, piensan lo mismo: de ahí nace su figura del 'Conejo de la luna', Tsuku no usagi). Sea como sea, la noche, sin embargo, es territorio del jaguar. / El jaguar es uno de los tonales (formas animales) adoptados por Tezcatlipoca, dios mexica que, entre otros atributos, representa la noche y el cambio: Es el sol nocturno. / 14 palabras escritas en las manchas del jaguar revelan el universo al mago Tzinacan en un Borges releído hoy día 14. No es un número impar, aunque tiene su gracia: Suma 5; son dos 7 (tres veces siete, hoy 14 del 7)... ¡Una colección de primos! ...pero no es impar y no hay cuarto creciente. Hoy no se le toca la melena.

"Cuando le conocí, los dos creíamos haber perdido algo". Así arranca la novela 'Nosotros, los no-escritores', de Lorena Chanes (Santillana, 2010). Solo 30 páginas después, clava un "Los dos habían aprendido a aceptarse así, sin pasado, sin contexto, sólo un presente puntualmente compartido, y hasta que terminara, hasta que algún día se rompiera el equilibrio y todo se fuera al carajo". Habla ahí de una ladrona y de un comprador, Carol y el Mosca. "La vida no se detiene por una loca. Es así, no se detiene, aunque se trate de una loca hermosa", dice Mario Sala refiriéndose a una ladrona cuyo nombre ha olvidado antes de entender que se ha llevado su Macbook con la única copia de su segunda novela. Inés y Jorge definen la no-escritura: "(...) nació como todo aquello que se escribe siendo un escritor asumido, al otro lado de los escritores consagrados, aquello que probablemente sólo leerán, a su vez, otros no-escritores antes de caer en el olvido: La no-escritura daba nombre a aquello que no nos atrevíamos a llamar literatura".

Esto es un jaguar, tras la reja de un centro de cuidados médicos de animales salvajes cerca de la ciudad de Iquitos, en el Amazonas peruano.



El jaguar es una de las especies del género Panthera (del griego, "todas las fieras") que habita solo en tierras americanas. Posee la mandíbula más poderosa entre los felinos, capaz de romper de un mordisco las vértebras cervicales de su presa: Es el único felino capaz de perforar el cráneo de su víctima o de abrir grietas en el caparazón de una tortuga. Corre, escala árboles y nada. Posee hábitos nocturnos y, para ello, dispone de ojos nictálopes, con una membrana reflectante en el fondo del ojo que concentra la luz en el campo focal de la retina. Son animales solitarios que solo se encuentran en la época de celo (entre marzo y mayo en México, según Leopold, 1959). Durante esta temporada pasan 4 o 5 semanas con la pareja elegida. La hembra puede parir hasta cuatro cachorros ciegos, pero solo cría dos. El jaguar, como el resto de Pantheras, tiene un hioides totalmente cartilaginoso que le permite rugir. / Hay quien dice que el hioides es clave en la evolución de un género o de una especie: Livescience. En los gatos ese hueso provoca el ronroneo. / Con todo, la clave está en la piel, pelo con un fondo amarillo rojizo, excepto en el interior de las orejas, en la parte inferior del hocico, las mandíbulas, la garganta y otras partes del cuerpo donde el color es más pálido. Tiene, además, las características manchas negras, tipo rosetas, redondas, alargadas o rayas irregulares que se bifurcan para volver a unirse formando flancos o líneas más o menos paralelas. Sin embargo, en su código genético, existe un alelo dominante de melanismo que ennegrece todo el pelaje. Un jaguar con melanismo, es una pantera negra. Del cruce de un jaguar y una pantera, nace, siempre, una pantera. Una pantera negra es un jaguar con vestido. Bajo el negro, siguen aún las manchas. Es su secreto.

Esto es una pantera, deconstruida con tinta de aspecto metálico sobre una cartulina negra:

...soy el espacio breve de mi muslo
que rima con la yema de tu dedo.


"Lo que nos tranquiliza es el sentimiento casi indecible de que en cierto sentido todo es jaguar, que la cama misma es jaguar... y también la casa, oh sí, la casa misma podría ser jaguar aunque la inteligencia más sutil vacile en aceptar semejante hipótesis", escribe Cortázar en su 'Último round'. / Rocky IV es un esperpento de apología del estadounidensismo más lardoso (*Hilia). / Se han borrado los arañazos en el pecho y en la espalda. Es verano y no corre el viento. "Toma la chaquetita, dame los calzones", decía la Niña de los Peines. Hay quien echa de menos los mordiscos que perforan el alma. O lo que sea. Los lunares. Las cicatrices. Los ojos de todas-las-fieras. Me rompiste. "Soy lo que amo / y lo que odio: / ya no tengo ética ni estética. / Tú me rompiste todo". No sé si es el mejor poema, pero rompe esquemas porque es el único que no aparece en el índice de 'La esdrújula en el llano', el poemario para levantarse de un coma de V.Chaos (Hijas de Lilith ed., 2011).





Ha llegado hasta mi cuarto
una pantera translúcida con la piel de diamante
que morderá la nuca cuando menos lo espere.

Es el deseo.

Veladamente, Almudena Guzmán.


Organización: Un falsete del run-away andaba fermentando en el grave de mi voz. Anoche fue el poemario. Hoy llegaron Cortázar y Borges con la masa de esteroides Balboa de fondo. Y resulta que una pantera es un jaguar muy moreno, morena. Y que la no-escritura es la razón de algunas noches de luna llena, lejos de unas garras con melena. Ha sido 14/07/2011, un siete. No vale. Mae West era una pantera. Y George Best un jaguar: "En 1969 dejé las mujeres y la bebida, pero fueron los peores veinte minutos de mi vida". Es la noche de los ombligos boquiabiertos, disculpa, pues, si no despierto.

11 julio, 2011

Síntomas de inconsciencia (XVII)

En el juego de espirales que empezó la noche del lunes pasado, y celebrando que (aunque el 10 de julio no haya concluido en México aún), parece casi seguro que el mundo no se ha acabado todavía y que no será el sexto, sino el mismo sol de siempre el que vuelva a salir 'por primera vez' la enésima vez en un par de decenas de milares de millones de años... vaya, han fallado las cuentas. De ahí que estudiara mixtas. Letras. Donde contaban su poco de casi todo y su buen de parrafada. Digo que, aquí, al menos, sí acaba la semana. Y resulta que empezó escuchando a la Morente de madrugada, y hoy he asociado una estupidez que no se quita de encima. Cuando canta la Morente eso de "en un corrillo de hombres los Pepes son los que valen", se me ha clavado en la cabeza de repente el 'Pepe el romano' de la Bernarda como objeto de deseo y la catarsis inmediata ha resultado ser una acojonante revaloración del nombre de Pepe. Fin de la semana, mañana es "marteslunes" para mí, que hoy me tocó estar de guardia...


09 julio, 2011

Síntomas de inconsciencia (XVI): Vocación barranco



"Quien derriba un puente, construye un precipicio", escribe Benjamín Prado. Y resulta que es verano, y que pega el sol y que una película de plata parpadea en las ondas de la piscina. Una Mahou fresquita con su complemento de nicotina, la cabeza pesada de una noche sin demasiado sueño enredado en los sueños de una pantera, después de una tarde recibiendo la última actualización del Melrose Place que me rodea... Y mientras tanto sigue a lo suyo el planeta. Pero la gente se ha vuelto loca. Vaticino un suicidio colectivo bastante numeroso. Y si no, aviso, no descarto salir y empezar a plantar hongos venenosos hasta cargarme al 95% de los vivos (y guardarme una última ración -soy rencoroso, pero no tan ególatra como para darme el bulo de la supervivencia). Respira. Tranquilo. Paciencia. Respira. Que resulta que es verano, y que suenan las orquestas y que una película de mercurio parpadea en las ondas de la piscina. Sexador de pollos y maestro en el arte de las cosquillas: mis chakras funcionan, lo mismo que el aire batido en un combate de esgrima. Y la cervecita le da alas al cuarto y mitad de fuerzas que me quedan. De aquí a un rato toca siesta. Y de ahí a un no-sé-cuánto, mordisco y baño en tus caderas. Que resulta que es verano, que yo fui siempre de precipicios y caídas, y que una película de tus pupilas parpadea en las ondas de la piscina. Grrrrrr...

05 julio, 2011

Síntomas de inconsciencia (XV)

Me he quedado sin tabaco de camino al curro y he pensado, durante 7 horas, que era el momento adecuado para dejar definitivamente de fumar. 4 horas después de la última hora del plan -mientras suena en casa la Morente cantando por alegrías las Coquinas (..."Vente conmigo y serás, vente conmigo y serás capitana de mi barco, virgen de la soledad"), o, en este punto, mientras remato la línea, por tangos En lo alto del cerro ("ay, no te arrimes a los zarzales, los zarzales tienen púas y rompen los delantales)-, un cigarro se consume al lado, claro. Y un vodka-tonic deshace el último hielo de la última bolsa de la gasolinera. La nevera definitivamente ha presentado un concurso de acreedores. Ni ginebra queda en los estantes. La autarquía tiene fecha de caducidad el próximo jueves. En fin, hubo terraza de lunes-miércoles (y, por ende, sábado) a las 22:30 como un clavo. Sirvió vitamina-gin el calvo, con su par de canapiés de chorizo y paté, en la mesa de siempre con los de siempre y la ausencia enorme de mi rubita. Y que si esto que si lo otro y vuelta de nuevo al nosotros, como siempre, con las abrazos de despedida que remiten a la primera vez. "Descubrir o morir en la demanda". Ese es el lema que aparece en el escudo de la Fragata Santa María, el acorazado que implica a España en la operación Atalanta contra la piratería en el Índico. No tengo mucho de militar, pero me ha gustado esa leyenda: "Descubrir o morir en la demanda". Porque eso somos en la misma mesa: Desconocidos a los que no les resulta fácil darse a conocer, frente a desconocidos que darían la vida por resolver la súplica del compañero. Piratas del individualismo. Calaveras. Así que llegar a casa un lunes de madrugada, después de un liarse que se fue de las manos, habiéndose propuesto dejar de fumar mientras se cruza el ecuador de un paquete de Lucky, con un vodka-tonic para complementar la dieta de gin, 5 horas antes apenas de despertar al amanecer para firmar papeles en otro punto de la ciudad es, a todas luces, un acto de rebeldía inconsciente. Kamikazismo de andar por casa. Echar de menos otra almohada que nunca fue la mía. Ganas de entender la ausencia de la rubia, y este sentir incierto que ya no lanza cuchillos por miedo a perder a la morena que hacía de diana. Tuve un profesor que decía que el mundo muere cuando se le nombra. Y yo nací homicida. Solo sé nombrar y acabar así con lo que se convoca. Convertir las luces en la sombra de la taquigrafía. Tiene su gracia decir que la poesía es el más elegante de los asesinatos. 'Ole, cómo se ha templaó', le dice la Morente a Juan Habichuela, en una Peregrinitos hecho fiesta por bulerías. "a la peregrinita, que es vergonzosa, se le ha puesto la cara, mamita, como una rosa, niña bonita, como una rosa, niña".

Por las ramas del laurel
vi dos palomas desnudas.
La una era la otra
y las dos eran ninguna.

La casida de las palomas oscuras de Lorca. No recuerdo muchos poemas, pero ese final no se olvida. Y recuerdo a otro profesor que se declaró abiertamente palumbicida. Por tedio y por amor, que parecen no ser lo mismo pero, para lo bueno y lo malo, van de la mano y, cuando se hacen uno, acaba el sumando de dos. Factorial de 15 en la misma mesa. Mi manchi, romana. Y a ver qué pasa con Burgos y con la Heidi que prefirió una Dolores y su Celia antes que apostar por ser poeta. Lola se seca y el futuro de otras melenas ya no me pertenece siquiera como testigo ocular. Prometo que iba a decir algo. Prometo que te iba a escribir largo hace ya unos días. Que este texto bien podría ser un contra ti que me escribes, o una ficción real, o una etimología; que quiero recuperar a la insomne, o a la canción para ir a dormir o la cicatriz de un buen zarpazo... Pero solo me sale escupir inconsciencias en charcos de consciencia bañado en nicotina. Sabes que prefiero mirarte. Y escribo, sin embargo, hasta descubrir o morir por la demanda.

Todo el quebraó' une indicios escondidos, rasguñando olvidos.

Perdóname, silencio...

(canta la Morente un "malaya sea este sueño que tanto he dormido, que se han llevaó' a mi compañero, y yo no lo he sentido, que se han llevaó' a mi compañero...")

...si esta noche no despierto.

29 junio, 2011

Síntomas de inconsciencia (XIV): Extravagario

Se equivocó Neruda proponiendo la primavera como moneda de cambio:

Yo ofrezco mi contrato indefinido,
la hipoteca al 2,5 de la VPPB,
el coche de segunda mano ya pagado,
la primera cerveza helada del verano,
la declaración de la renta a devolver;

Sí, cambio los años cotizados desde los 16,
los billetes del próximo viaje,
la paga extra que dobla el salario base,
las lincenciaturas y el inglés,
los ahorros del plan de pensiones,
el seguro de vida de por vida,
el sueldo mensual de Nescafé...

Yo cambio mi contrato indefinido,
la primera cerveza helada del verano,
y la primavera última que vivimos,

por que tú me sigas mirando.

14 junio, 2011

Síntomas de inconsciencia (XIII)

Podría decir que tengo algo que escribir. Y hasta podría escribirlo. Podría también comerme las 15 colillas que se acumulan sin dejar ver siquiera la ceniza ni mucho menos el fondo del cenicero, como terapia de shock para dejar de fumar, y de paso vomitar y hacerme un lavado de estómago al tiempo que examino el estrés de mi esófago y pongo perdido el suelo del salón. Podría servirme una copa y sonreír antes de dormir o vaciar directamente la botella y dejar para pasado mañana el mañana. Podría hacer una llamada. Se me ocurren varias personas decentes a las que molestar, alguna vena que pinchar y saliva en la que gastar el dinero que no tengo. Podría evitar esta semana.

Pero voy a dormir. Que soy Dormido.

Y no un putero, ni espero picarme hasta la jubilación, ni me gusta molestar a la gente que quiero para llenar un estertor, ni he perdido el control sobre mi alcoholismo, ni pienso dejar de fumar, ni esto es un escrito, ni, de lejos, me planteo llamarme escritor.

Así que voy a dormir,
te espero,

...hasta entonces, disculpa si no despierto.

28 mayo, 2011

Síntomas de inconsciencia (XII)

Aprendo a seguir mis dedos en lo que de ellos reproduce mi memoria.
Recuerdo con los ojos abiertos.
Convoco.

Acostumbro a seguir con la mirada mis dedos. Consigo, así, una mezcla de sensación dáctilovisual que trato de memorizar con cierto exceso de testarudez: Quiero ser capaz de saborear el cocktail de imagen y caricia que mis ojos y mis dedos capturan sobre su cuerpo desnudo, esté o no esté presente. Igual que soy capaz de sentir en la lengua el dorado frío y afilado de un trago de whisky con hielo, cuando no hay whisky ni hielo en mi boca; igual que sé dibujar el rojo satinado de las tapas de piel de uno de mis libros aún cuando, en otro punto, no importa cuál, lo único que tenga entre las manos sean hojas de aire. Igual quiero ser capaz de sentir, dónde y cuándo quiera, el parche de piel que araña desde uno de sus hombros... la sensación de repasar las costuras de esa cicatriz... y seguir hasta el lunar diminuto que marca la cerradura de sus aurículas, justo antes de alcanzar la consistencia tentadora de ese pezón lilitiano apenas rodeado de un rosa manso y terso... hundir el camino del esternón escalando la pequeña prominencia curvada donde arrancan los surcos de su costillar poderoso e inclemente... repasar las líneas casi dibujadas en el vientre, incipientes onzas abdominales, y tomar el ojo del cíclope, vertical, en el centro, como un espejo de mis dos pupilas hechas una donde repasa y circula la yema del corazón y del pulgar derechos... pellizcar el hueso de la cadera, siempre al acecho, violento y altanero, y seguir hasta el suave recodo -cara de piel muy suave- más allá, en el lateral interno del muslo, donde los dedos se recrean en idas y vueltas hasta el extremo de la rodilla, por debajo de los pliegues del culo, en la superficie impoluta y sensible de los labios de ese vértice inadjetivable donde se mezcla el olor, el sabor, la imagen y el tacto de cada uno de los recuerdos que trato ahora de convocar...

...disculpa, madame, si no despierto.

25 abril, 2011

Síntomas de inconsciencia (XI)

Despertarse de la siesta a las 22:30.

Cenar una tortilla de 4 huevos .

Fumar en pipa por falta de existencias.

Planchar camisetas y recuerdos.

Reinventar un tinto de primavera.

Escuchar postales de Beirut en secreto.

Romper el corazón de una piruleta.

Quemar la ciudad con un mechero.

Recoger versos dispersos por la mesa.

Lavarme los dientes con lavanda y romero.

Calentar los pies fríos de tu ausencia.

Escribir lo que no debo.

Servir una copa de bridas con ginebra.

Dibujar tus bragas blancas en el cuaderno.

Vencer al dragón que aflora en una fresa.

Leer un poema sin fronteras.

"Entre tú y yo," -repaso- "siempre impidió un nosotros esa puta Y griega".

"Lo hemos matado y rematado", leo.

Buenas noches. Echo el cierre en el desierto.

Mañana seguimos en guerra.

Discúlpame, morena, si hasta entonces no despierto...


...Solo quise
decirte -y me han salido dos acantos
y dos tristes- que nada
hay para mí más bello que el ver que estás alegre
y viva.

(Aníbal Núñez)

19 abril, 2011

Síntomas de inconsciencia (X): Vs.corriente

No debería aprobar las corrientes de conciencia. Leo a Colinas respondiendo una de esas preguntas a las que recurren los periodistas contra todo poeta: ¿para qué sirve la poesía? "A veces escribes para no gritar". Justo antes repasaba a Alberto Santamaría. Dos páginas con las esquinas dobladas: Un "Comparto con la muerte -ya lo sabes- / el deseo de ver tu nombre escrito junto al mío." Y un "¿Cuál es tu nombre, amor? / Lo necesito para mi esquela." Yo necesito escribir para no dejar de fumar. Contracorriente. O no tanto. Ya conozco -y frecuento- varios bares desobedientes. Y el concepto "contracorriente" siempre me hace pensar en el salmón. En los chinook. Los que regresan a casa para morir. Los que mueren cumplida su única misión: dar paso a la siguiente generación (...su ciclo biológico se inicia en la cabecera de los ríos, donde, tras la eclosión, los alevines crecen y permanecen uno o dos años allí. Después emigran al mar y, al cabo de unos tres años, alcanzan la madurez sexual y regresan entonces al mismo río donde nacieron, remontando las aguas hasta las zonas de puesta, para desovar, y entonces las crías emigran de las corrientes de agua dulce al mar una vez que alcanzan la madurez. El instinto migratorio de los miembros de la familia del salmón es muy específico, y cada generación regresa a desovar al mismo lugar donde desovó la generación anterior. Incluso las especies que no migran del agua dulce al agua salada desovan en las mismas corrientes de agua dulce que sus antecesores...). Me jode despertarme y no conocer mi misión. Ni terminar de saber adónde tendré que volver. Porque sigo sin tener muy claro cuál es mi casa ni quiénes son mis ¿raíces? No creo que escribir sea la solución. Mucho menos fumar. Ya he pedido la vez y aún espero mi turno. Todavía no estoy dispuesto a dar el relevo. Me toca hacer y no sé cómo hacerlo. Se me cuelan un par de jubilados y una maruja que conoce de hace tiempo al carnicero. Parece que ellos tampoco están dispuestos. Y entonces la vida se escapa con dos únicos deseos: Dormir y follar. Un hombre sin cabeza. Regalo de propina al genio su libertad concediéndole mi tercer deseo. Es lo que haría Aladín y esa era una de las películas favoritas de mi pequeño. Otro cigarro. Y un tinto de verano en primavera. Ya no leo más esta noche. Dejo que suene la minicadena y el llanto de mi vecina de escalera. Tecleo llevado por mi afonía, buscando una estúpida melodía de sonidos similares en un castellano sin apenas entropía que cualquiera puede escribir y nadie en su sano juicio debería permitir. Libertad disfuncional, cuando lo que uno pediría sería un constante bucle de dormir y follar. Sin escribir ni fumar. Si no es en tu piel. Si no es tu hachís. ¿Para qué sirve la poesía? Para esperar que alguien encuentre la alegoría que me lleve al lecho de mi manantial, el de mis antepasados, el que DEBE ser mío, la cumbre biográfica donde espera un sepulcro con mi nombre...

...y, escrito al lado, el tuyo.

14 abril, 2011

Síntomas de inconsciencia (IX): Familia

J. se duele de su ciática y, dado su hígado graso y el recorrido en diagonal ascendente de su índice de transaminasas, se resigna a dar traguitos cortos a una botella de agua mineral y a subrayar nuestra incompetencia para casi todo; M. saca su palo (futura estaca) para el baile 'gótico' de Van Helsing de la muestra de fin de curso, y todos nos ponemos a darle vueltas al palo como las majorettes -menos J., que esconde su incapacidad manual tras un "sois-un-perfecto-ejemplo-de-inconsciencia"-; desde luego, yo vuelvo a comprender que soy mucho más válido para las tareas abstractas que para las manuales... no es que esté descoordinado... es que no me resulta fácil controlar mi cuerpo; A., que hace con el palo las virguerías que quiere después de más de 15 años de práctica con las baquetas de su batería, dice que antenoche vio '24 hours party people' y que es un peliculón; a M. no le gusta su vino blanco ("Esto no es Rueda... tenía que haberme pedido un gintonic como vosotros"); L. tiene carita triste: está medio griposa... y su jefe le ha tenido una hora al teléfono para no decir nada... y a ella, como a mí, tampoco le sale a la primera la mierda del ejercicio del palo; y los dos queremos matar a A. porque envidiamos esa capacidad motora inalcanzable para nuestra raza de psicomotricidad limitada; me preguntan por ti y que qué tal va y que si funcionamos y que cómo eres; A. le toca las tetas a L. sin ningún pudor; L. le come la boca; M. y J. reconocen que echan de menos la facilidad, lo espontáneo, de un algo sentimental; y les jode echarlo de menos; y lo quieren; pero no saben dónde encontrarlo... O quizá sí; M. no sabe qué hacer con su amante; ya van cuatro años de no saber qué hacer; pero es que sigue perdida por él; por el constructo que ha hecho de él; sí, M. lo reconoce; pero para excusarse dice que no la entendemos; "prueba - error"; pero sin medianías; 2011 tiene pinta de ser un año raro para esto; pero L. y A. no se cortan en agarrarse del culo y eso nos hace confiar; a lo mejor en 2011 solo dura lo que debe durar; otra ronda; y a empezar a relacionar el principio de motivación por logro y el principio de motivación por reconocimiento: ¿objetivo de poder, objetivo sexual o pura autorrealización?; a mí me mola terminar un puzzle porque sí, aunque nadie lo vea, o cuadrar palabras y versos como ejercicio para sentirme genial; “¿sabíais que el boomerang lo inventaron los egipcios?”, dice M.; "eso es un arma del diablo", replica A., "yo he huido de boomerangs que yo mismo había lanzado"; “pues H. es de la selección española de frisbee”; “¿eso existe?”; "cuánto gilipollas", dice J.; y pedimos la cuenta, y E. nos invita a otra ronda y de regalo un "podéis fumar, que ya he cerrado la reja"; y L. ya no aguanta más; A. y L. se van; nos quedamos J. y yo con las 'cuitas' de M.; no sabe qué hacer... mierda de vida. Pero merece la pena. Y hasta tenemos suerte. “¿sabéis que he conocido a una muchacha anósmica?, no ha olido nada nunca”... eso debe ser más jodido que un mal de amores... aunque dure 4 años... no oler... M. me descubre la palabra ‘háptica' hablando de la búsqueda de un vocablo que identifique la cualidad de ofrecer tacto. 4:30. Mejor nos vamos. Vale. J. andando. La rubita y yo a motorizados: un besazo. Nos marcamos el viernes para el concierto. Hecho. Me hago un tatuaje en el pecho antes de dormir. Un uroboros con el lema ‘Amor manet’. Desde que los miércoles son los nuevos sábados, es difícil no sentir la pequeña maravilla de vivir. Ñam...


13 abril, 2011

Síntomas de inconsciencia (VIII): Barfly

- Como historiador de la bebida no hay nadie que me iguale.
- Eso es porque ninguno de ellos ha vivido tanto tiempo, ¿cuál es tu secreto?
- No levantarse nunca antes del mediodía.
(Hollywood, Charles Bukowski, 1989)

Siempre empiezo a leer los libros por el final. Necesito crear un horizonte antes de cruzar un texto. Y eso me ha hecho pensar en Zo. Creo que le leí una obsesión similar. Hoy Zo habla de despertar y eso es algo que no se me da bien. Habla también la señorita Brinviyer hoy de finales. Por pura supervivencia, eso sí es algo que manejo bien: Acabo por el principio. En el horizonte. Creo que toda despedida es una mentira y todo comienzo un recuerdo renovado. Recordar hacia adelante. Eso lo aprendí de Alicia. La de Carrol. El Público de Lorca mediante. De la cama deshecha de Zo, paso a una variación deconstruccionista de El Padrino: ¿Y si, en lugar de la cabeza de un caballo, la mafia dejara entre las arrugas de las sábanas, el cadáver de dos palomas como constatación de mi punto de no retorno? Valeria provoca esa imagen con su disparo cojo. Una oda al 'último hombre libre' que conozco. La impotencia del egoísmo no cumplido. La herida siempre abierta del último en morir. ¿Moriría antes Penélope que Ulises? Imagino al viejo jónico deshaciendo el camino, viudo, abdicada la corona en Telémaco y, perdidos los amores de Calipso y Circe, mudas las sirenas y muerto Polifemo, atiborrándose en un banquete de Lotófagos para recuperar la inocencia del desmemoriado. Para volver a recordar hacia adelante. Algunos tenemos más pasado que futuro, dice el hombre libre. Triste. Salto a Inmaculada Mengíbar: "Pero seamos realistas: / Penélope, cosiéndole, / no es más feliz que yo / ahora mismo rompiéndole / la cremallera" (Cosas de Mujeres). Me sobran los pantalones. Pero Ella no está aquí. Por eso los llevo puestos. Y, en lugar de cada uno de sus labios, lo que humedece los míos es un triste gintonic solitario. La botella más bonita. Azul. Como las letras de esta camiseta prestada que huele a alguien que no soy yo pese a cubrir un torso que reconozco como mío. Azul. Y se van las teclas a la princesa y a los nenúfares de Darío. O al otro. El persa. O al otro. El sobrino del Pequeño y su eterno rostro magullado. Un enano de Moratalaz que no sabe no armarla. El azul es también el color de Ali. Mi bailarina. La mejor piloto en vespa por Roma. Mi manchi, bella. Cerca de Piazza Nabona, Pasolini y su "vivevo una gloriosa vita di perseguitato". Una copa de Montepulciano y un par de Luckys para aguantar, mientras la aguante, la mirada fija de la camarera del Caffe della Pace. Apaches. Nitchu itzan. Ze-nto gusgajz. Chaj yuichak daj kla. De picnic en Malasaña. Como el Catulo de Antonio González ("aún llevo tu memoria como guía / de luz en esta ruta hacia el ocaso"). En Malasaña. Y yo en la cama. Sin más aliados que la Buika, un teclado, y estos diez dedos, viejos conocidos, que ya no se asombran cuando recorren mi cuerpo. Otro trago y otro cigarro. Soy un barfly desorientado. Empecé la vida por el final. Por aquello de marcar un horizonte. Y por eso sé que, como le sucede al hombre libre, uno empieza a ser un hombre triste, el día que sabe que no vuelve a volar la paloma aperdigonada que en algún capítulo nos comprometimos a amar. Zo no quiere parar de despertar porque, así, cree que no se tendrá que "conformar con eso que llamaba y llamabas y llamábamos amor". La Chaos recrimina al tirador el silencio que siguió a su disparo amoricida. Pero yo recuerdo que no acabo solo. Que sigue avanzando abril y que prometí ser feliz y dedicar el mes a la espuma. Yo me llamo Dormido. No soy Bukowski ni Chinaski. Soy una mosca de bar que se niega a experimentar "la ignición del caos" (eso lo escribió Guillén) de una lámpara anti insectos sin haber retozado antes en un colchón de mierda y en un colchón de miel. Mañana no me levanta nadie antes del mediodía. ¡Un Junípero - Fentimans!, por favor. Y un par de Luckys. Para aguantar la mirada fija que devuelve el espejo esta noche de reincidencia en la inconsciencia: Escribir. Como quien pretende saber a qué saben los finales. O quien confía en no volar solo. O el que, con un regusto a insomnio, deja que estos diez dedos conocidos le descubran el principio de un nuevo cuento por contar. He descubierto la palabra secretear. No se lo digas a nadie. Todo lo que esta entrada esconde es un charco de conciencia secreto. Y no es mío. Dormido. Es tuyo. Tú que te atreves a leer.