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23 agosto, 2011

I.M.

'No son más que perros de caza'... y andan buscándonos...

Pero tú ya les pasaste por la izquierda

y esta noche todos los felinos te lloraremos con la música bien alta,





Más letras de Leiber:

23 julio, 2011

Arranca el mito

Los mitos no superan los 27.

Amy tenía 27 años y 10 meses.


"We don't believe the words, we just love the way they sound"

(Cigarettes, Amy Whinehouse.
Si a algo se le puede llamar 'postmoderno', es a esa cita. I.M.))


Será inmortal durante un tiempo. Ese es su castigo. O su premio.

22 julio, 2011

I.M.


The longer you look at an object,
the more abstract it becomes,

and, ironically, the more real.

Lucian Freud




Por eso hay que mirar despacio.
Por eso te recorro lenta y concienzudamente.

Porque no busco el aspecto de tu carne, ya lo sabes:
Persigo su diminuta verdad. Tus secretos.


10 julio, 2011

No salen las cuentas

Escribí entre semana que, si fuera cierto el regreso de Kukulkan y mis divisiones acertaban a empalmar la cuenta larga maya y el calendario gregoriano, hoy domingo concluye la era del quinto sol... no está mal despedirse de este ciclo con un tinto de verano a 8 horas de fichar una guardia dominical... y no está nada mal cerrar el día mientras suenan en el salón los susurros de Al con su "suena 'Knock knock knocking' y me acuerdo de ti... suena 'Knock knock knocking' y me acuerdo de ti... suena 'Knock knock knocking' y me acuerdo de ti... ahhhhhh... Gothan cierra por hoy..."



Me jode, sin embargo.



Porque, mientras tanto, sé que una pantera acecha por Madrid. Que se pasea lejos de aquí y ofrece al enorme cuarto creciente que corona la noche el vergel de cosquillas que nace en su espalda desnuda. Y se dobla tumbada la pantera. Se acurruca y murmura. Cierra los ojos con la nariz húmeda y la imagino golpeándome con la cabeza para exigir una caricia repetida y reincidente desde el cuello hasta la cadera y, de nuevo, del cuello a la cadera, de la cadera al cuello y, a fuego lento, una y otra vez, desde el cuello hasta reventar la caldera...




En paralelo, un océano y varios meridianos mediante, bajo la cruz del sur, mientras los argentinos celebraban su día de la independencia, un grupo de sicarios guatemaltecos han recordado a mesoamérica que el narco gobierna el continente: Han acribillado a tiros a Facundo Cabral, un viejo cantautor platense, viajero pacifista y vividor, con un cuchillo de ironía y sentido del humor escondido entre los dientes. El asesinato me ha hecho recordar una cita que hace tiempo tenía pendiente: “El amor... el maravilloso amor es una incomodidad necesaria que depende de la dirección que uno tome. Por ejemplo, Borges salió para el sur y se encontró con la Biblioteca Nacional. Yo salí para el norte y me encontré con las mujeres, lo que quiere decir que escribí poco pero me divertí mucho... Lo que también quiere decir que tanto el amor como la cultura son accidentes”.


A veces me da por pensar que este blog es un accidente. Aunque poco tengan de arte o amor una simple colección de líneas de programación. Pero sucede que no deja la pantera de acechar en algún punto de Madrid. Testarudamente lejos de aquí. Y esta improvisada colisión de textos que responden al "Disculpe si no despierto" cobra sentido al menos como simulacro de afecto accidental que, pretendiendo arañar, no termina de hacer mal a nadie más que a mi descanso. "Y tú... tesoro de pirata, sirena perdida en el desierto, princesa de este cuento que érase y será, una vez y otra vez... mmmmm... tus caricias quemando mi piel, tus ojos de ron gritando 'Bébeme'... y entre tus piernas saboreo... esa bendita miel..." Con Al cierro. Y con el recuerdo a Cabral. Y con un ronroneo.


Buenas noches. Hoy reparto mordiscos por los escotes, así que, si encuentras el momento, cuélate en mi sueño y, si ves que no despierto, déjame estar, que lo mismo es culpa del puñetero Kukulkán...



zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz....



30 junio, 2011

Marina Belmonte

Se llamó durante 91 años Marina Belmonte. Nació en 1912 en un rincón de la sierra de Cazorla, en Jaén, a tiro de piedra del nacimiento del Guadalquivir y rodeada de olivares de aceituna seca y caminos pa' recoger, con las manos llenas vejigas, los garbanzos y espárragos que dejaban los mocitos tras la cosecha. Sabía leer y escribía con una caligrafía muy fina, pero no tuvo noticias de la I Guerra Mundial hasta que su hermano mayor trajo a la casa cuentos de héroes soviéticos y manifiestos contra los señoritos. "Una misa y un cerdo al año, sobra misa y falta marrano", decía cada vez que se hablaba a su lado de religión. Se puso novia con un zapatero que la llevó de feria a Úbeda caminando para montar en una noria. El cuento de los comunistas se hizo de verdad y tuvo, durante un instante, la misma tierra de siempre, para todos y, por supuesto, también para ella. El hermano de las historias rusas fue nombrado comisario, y hasta la dejaron a ella varear en aquella campaña de buena aceituna. Con tres hijos, se perdió la guerra. El hermano perdió su nombre mientras corría hacia Francia cargado con dos maletas de billetes, antes de que el bravo Jaén cayera. Con tres hijos, perdió un marido, encarcelado en el Segura, y perdió la tierra. Sirvió ella y sirvieron sus hijos desde chicos. Caminaba dos días para llevar comida a la prisión entre caminos pa' recoger, con las manos llenas vejigas, los garbanzos y espárragos que dejaban los mocitos tras la cosecha. En los 60 subió a Madrid, con su hijo y su yerno metidos a albañil, con sus dos hijas y su primera nieta, con un marido zapatero, cojo y alcohólico, que alargaba la mano cuando se le alargaban las noches. Lo permitió muy poco, era de genio duro. Pero eran años duros y pronto, de todas formas, enviudó. Ya era la matriarca de las casas bajas. Vivía en la calle 7 bis. Su hija mayor tenía ya la suya en la calle 11. Y cambió la ciudad. Y el mundo, casi. Hasta los 90 años y medio vivió sola. Saliendo a pasear a la fresca y, una vez más, antes de que anocheciera. Contaba batallas, y opinaba sobre el presente. Tenía genio, pero sabía contar chistes viejos con una gracia increíble. Su primer bisnieto fue el primero de la familia en ir a la universidad, y salía en la tele de periodista de esos, que era algo importante, seguro, aunque ella creía que llegaría a presidente. Por lo menos. Le gustaban, con sus ojillos de ratón, los cumpleaños, los santos y la fiestas de navidad, porque eran noches para beber un poco de champán, o cava, pero "ponme un poquillo más, Fernando". Solo en los últimos 6 meses perdió la autonomía y su cabeza regresó al pasado. El martes se cumplieron 8 años de su muerte. Me lo dijo mi abuela como quien cuenta cualquier otra cosa, en el coche, mientras la acercaba a su casa (de la calle 11 de las casas bajas a un piso 11ºC en Palomeras, ha pasado mi abuela -tiene su punto). Y, pensando qué quería escribir antes de terminar el mes, me ha apetecido convocarla y presentarle esto de Internet. Marina Belmonte era mi bisabuela. Me enseñó a jugar al baloncesto con un jersey hecho bola y un barreño. Con unos textos míos, dijo que si era como el poeta ese que mataron (Lorca) y que estudiase para ser alguien y no pasar hambre y ser feliz. Comía, tan menudita y arrugada como era, como una lima, y reía, la cabrona, con una alegría acojonante. Demente, un día de sus últimos meses me hizo apañarme y bajarla a la calle pa' varear la aceituna y recoger, con las manos llenas vejigas, los garbanzos y espárragos que dejaban los mocitos tras la cosecha. Me apetecía nombrarla: Marina Belmonte.

04 abril, 2011

Y el resto es silencio

..... ...y el dolor no se me aparta

Sólo queda un mundo

Por el silencio de los justos

Sólo por tu silencio y por mi silencio


Javier Sicilia

23 marzo, 2011

"El fuego eres tú": Violet eyes

"No nos cansábamos nunca el uno del otro. Hasta con los paparazzi colgados de los árboles, hasta oyendo sus pasos por el tejado, podíamos hacer el amor, jugar al Scrabble y formar palabras indecentes... y nunca se acababa la partida... Si te excitas jugando al Scrabble, es que es amor."

Elizabeth Taylor (i.m)





...solo por esa frase y esos ojos,
merece una entrada en mi recuerdo, señorita Taylor...