miércoles, diciembre 31

Salmo

Por tu palabra se amoradaron los cielos,
por el aliento tuyo, se alzó el ejército de mis dedos contra el beso no dado.

Por tu labio, morena, fue la guerra,
por el sudor y los zarpazos, llenarónse de gemidos los océanos

y en ti, cántaro encarnado y trino,
cavó nuestras trincheras la saliva
por defender la utopía de una redención.


Ahora que sí

aún puede ser sí







Ven
y tómalo



domingo, diciembre 28

Pues eso


Estas continuas referencias intertextuales que relacionan contenidos y referencias no hacen sino generar un espacio abierto, lleno de ruido constructivo y destructivo, donde emergen significados dispares para potenciales lecturas pertinentes o aberrantes. Proyecto Nocilla sería entonces, desde esta perspectiva, una imbricación de remakes o already-mades (como propone felizmente Abigail Solomon-Godeau en referencia al uso de la parodia postmoderna [ctd. en Hutcheon, 1993, p.187*]), que se relacionan de forma crítica, burlona o deferente con los originales para proponer nuevos sentidos que nazcan de aquel vínculo sinergético entre causas disímiles. Proyecto Nocilla, como ya se ha dicho, avanza en su mismo proceso de construcción y en ese devenir invita a revelar significados entre las partes y en la relación de éstas con sus hipotextos y textos aludidos para, al mismo tiempo, rebelarse contra una visión modelada, lineal y lógico-causal de la realidad, en beneficio de una interpretación caótica potencialmente creadora de orden. 

Ahora bien, esa confianza en la generación espontánea o mediada de significado se rebela igualmente contra el descreimiento absoluto del postmodernismo más radical para, en consonancia con el neopragmatismo filosófico, encontrar la justificación del sentido en la interrelación consensuada de subjetividades y la construcción posible de una identidad siempre en movimiento. No se puede hablar de una propuesta ontológica de lo ordenado, sino, al modo de Prigogine, de una forma de representar el orden como estados entre el equilibrio y el desequilibrio, que encuentran su sentido en un contexto y un momento particular, sujetos a una deriva constante de readaptación irreversible, o, en el caso exclusivo del texto, a accesos y vínculos semánticos alternativos, quitándose de encima toda importancia a través de lo serio-paródico: Partiendo de la parodia postmoderna en la que "la vida que retrata ha perdido toda su dimensión autónoma y se convierte en subordinada al arte, al signo" (Pozuelo Yvanos, parr. 12**), Proyecto Nocilla y su propuesta laberíntica de remakes termina volviéndose sobre la esencia misma de la parodia para subrayar la propia artificialidad de su naturaleza, su ser signo y "no vida auténtica": Se ríe de sí misma para instalarse en el mismo espacio que sus hipotextos, se sabe artefacto y, al fin, renuncia a cualquier metafísica más allá de la pastosidad de la crema de cacao de Nutrexpa porque, como escribe el narrador en el epílogo de Nocilla Experience (p. 377), "no es que la teoría y la vida estén mal, es que no tienen nada que ver". 



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* HUTCHEON, L. "La política de la parodia postmoderna". Artículo. Trad. Desiderio Navarro. La habana. Criterios, edición especial de homenaje a Bajtin. jul. 1993: pp.187-203. Web http://www.criterios.es/pdf/hutcheonpolitica.pdf

** POZUELO YVANCOS, J.M. "Parodiar rev(b)elar". Artículo. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. Alivante. 2007. Web. 


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...no es que la teoría y la vida estén mal, es que no tienen nada que ver. 

Y ambas divierten y reparten hostias a partes iguales: ¡a jugar! 


jueves, diciembre 25

Curso de idiomas

Dos chinazos en la misma horizontal me miran con las cuencas vacías
desde la esquina del mantel apalestinado en rosas que cubre el cristal de la mesa baja donde bebo el café de mañana.

Me amanece al mediodía con uno de esos soles de invierno que disparan chispazos de hielo en la terraza, y así, como quien no quiere la cosa, llega en una vuelta de reloj la sobremesa de tequilas de un 25 extraño sentado frente a la misma mesa y esa mirada misma:

dos agujeritos en el bordado,
escrutando,
vacíos,
al otro lado de las legañas y del silencio,
sobre el colchón acústico del Spoti',
cómo los miro yo.
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Nunca, desde muy pequeño, me gustó ver a los demás con la mirada perdida.
Quise intuir que era un desnudo en público poco decoroso y abierto a la exhibición de la propia fragilidad, un espacio involuntario al que me sentía de algún modo no invitado:

Cuando alguien con los ojos abiertos, pensaba, se dedica a mirar hacia dentro,
olvida que puede haber otros que, desde fuera, le miren en ese mismo momento
y que, contra su propia voluntad,
encuentren la puerta abierta hacia esa convivencia sin defensas que encara a uno consigo mismo.

Ya entonces me prometí no mirar jamás al vacío.
No mirar hacia dentro.
No mirarme.
Darme por otro.
Y así, igual que harías con cualquiera, tocarme y hablarme, nada más.
Que fuesen las palabras y el tacto quienes levantaran el puente de la relación conmigo:
Explicarme y responderme,
contarme y discutirme,
insultarme,
consolarme,
justificarme,
reconocerme,
aprenderme...

pero han pasado los años y esos amigos invisibles que viajaban conmigo
son cada vez más aristas de un uno mismo que apenas sé quién es.
Han pasado los años y descubrí lo contingente del decir,
lo incompleto de la palabra,
la imposibilidad de saber.
Y, quizá por ello, entendí lo decisivo del mirar.
Ese mirar de los enchufes,
de las enormes pupilas de la familia de cíclopes que habitan la vitrocerámica,
de los ojos ancestrales con los que mira la gata,
de las miradas esquivas que atienden impertérritas en los retratos que cuelgan de la pared,
de los ojos entintados de la figuras que se imantan contra la nevera,
de las gotas que han quedado adheridas a los cristales,
de los arabescos en negro estampados en el blanco de las sábanas,
de las espirales en arcoiris del vaho del espejo,
de las dos rótulas familiares que me buscan sentado en cuclillas...

todo eso que mira en silencio cuando miro
y que aún me mira cuando yo no veo.

Mirar.
Sin palabras.
Mirar.
Y saber que no,
que no hay combinación lógica de saberes que expliquen las miradas.
Que es otro lenguaje al que renuncié desde bien pequeño y para el que no hay diccionario ni gramáticas.

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Suena la BSO de Amelie en Spotify y decido cubrir los ojos del mantel con un paquete de tabaco.

Está cayendo el sol por el horizonte del bloque de viviendas que se levanta frente a la terraza.

Y voy a mirar fotografías.
Voy a mirarme, desnudo.
Voy a violar mi intimidad.
Voy a pasar el día sin decir una sola palabra.

He empezado el nivel básico de este idioma que,
paradójicamente,
llamamos Soledad.


Vamos a ver adónde me llevo.


Envarracado


La única duda razonable
es dudar
de la razón
a cada instante.


Mentiras comprometidas
para materializar la verdad de la belleza
durante el gesto violento
de un solo parpadeo.



martes, diciembre 23

Correspondencia sin conciencia

¡Ay, morena!, ¡qué lindo saber de ti!

Disculpa la tardanza en la respuesta. 

El otoño me pasó por encima la víspera misma de la visita al Escorial. 

Desde que vestí entonces las legañas saladas de la primera mañana, 
han pasado ya unos cuantos cafés y un buen de cigarros, 
comidas en familia, 
solsticios de infierno,
abrazos de postverano,
mediorgasmos,
cenas,
cañas,
colchas,
bañeras,
local de ensayo... 
y si a eso le sumas la compañía del tequila estufa 
que me escuda en la lucha contra el hielo
ahora que dice el parte oficial que nos arrancó el invierno 
y habrá que resguardar los besos para que no se resfríen, 
se me terminó de hacer humo el tiempo y no sé decirte siquiera quién fui.

Pero el hecho es que te volví a encontrar 
caminando con la punta de los dedos por la orilla de tu espalda, 
y allí te convoqué de nuevo, 
a ti, 
ese irreal que eres en el recuerdo de cada presente,
esa morena de los buenos vicios que encontré en el fin del mundo a las puertas de Filología...
y mucho hacía, 
mucho, 
que no repasaba tus ficciones, 
tus lunares desperdigados, 
las cartas escritas a pausas, tachones y premuras en la bandeja de tu correo capilar... 

que si, que ya era hora de escribir, lo sé.

Y, mira tú, se me puso el alma temblona. 

Será el frío que cae en Madrid. 
Será por eso de vivir. 
Será que algo del calor de tus muslos me calentó las tripas y me agarró el costillar, qué sé yo. 
Bueno, sí, 
sé que enero está ya ahí y que me viene encima un cinco hecho de tres y dos; 
que no podré comprar un boleto aún para desaparecernos 
aunque pienso seguirte allí donde aparezcas; 
y que, 
por el momento, 
es el momento quien manda 
y andamos con la bandera a media asta y las palmas encallecidas para levantar la enseña que nos ice en primavera como otro nosotros. 

Y es que dijo Enrique que una retirada a tiempo siempre fue una derrota. 
Y Joaquín dijo anoche que el pasado es la historia que nos contamos. 
Y digo yo que algo más será la memoria, 
pero no esta discordia que ni fuimos ni debemos ser. 
¡Ay, cómo pega el querer, bebido así a tragos largos!, 
¡qué kamikaze!, ¡qué lanzador de cuchillos!, 
¡qué baño compartido entre dos cuerpos hechos la misma espuma!, 
¡que jodida aventura es volver a la batalla 
y qué ardor me sube hasta la mirada para enfrentarla!, 
¡qué milagro sangrar para creer!, 
¡qué obra de arte creernos otra vez la misma sangre! 

Y ya, perdón,
que otro día será otro encuentro. 
Y nos quitaremos y nos pondremos máscaras mientras las lenguas de cada cual recorran pieles
y el tacto de mis rincones descubran el calor de tus interiores. 
Perdón, 
llámame grosero o descarado, 
pero ahora mismo eso es lo que salió del teclado 
y, antes de llamarte para el próximo abrazo, 
solo me sale empujar este recuerdo inmediato contra la pared, 
separarle las piernas, 
levantarle los brazos, 
y abrirlo a media altura 
en una secuencia de navajazos húmedos de esos que afilan gemidos imprevistos.

Qué pendejo, dirás... 
uno dispara palabras porque nunca fue amigo de las balas 
y sabe que las cicatrices que dejan los poemas son el orgullo de aquellas guerreras que apostaron su vida por la vida contra la barbarie. 

Y si no, 
di que esto fue un sueño, 
diré que nunca dije...

...y en otra nos vemos, pantera, 
cuando gustes,
cuando sea.
Ya. 

Un beso transcapitalino en diagonal 
hasta el centro mismo de la diana.

...ardiendo


Me acosté helado.

Y me desperté a tu lado...


lunes, diciembre 22

Me lo dijo una porteña...



...mienten, mienten todos los profetas de la humanidad: 

No es el amor el que motiva al mundo, no es la esperanza, no: 

Es el deseo. 

El deseo es lo único que persiste. 

Lo único que renace desde las ruinas como un mutilado abriéndose camino entre los escombros de una ciudad bombardeada.

Es el deseo con su fuerza magnética, con su breve tempestad quien nos arroja siempre a un destino final de soledad y espanto.


Y tuve entonces, a oscuras yo con mis pocas luces, la fortuna de responder:


...cuídate de las mentiras, morocha, 
que algo late en las palabras del profeta:

El deseo es un instinto y hubo quien supo ser dios para alumbrar obras de arte.

Que no, que no es arte el pigmento o la línea, 
la palabra o el sonido, la piedra o la luz, 
arte es ese amor que, más allá del deseo, 
vence al tiempo y vuelve eterno lo accidental. 


Buenas noches, - dijo Soledad.


Buenas noches, linda - dije -, que te venza el sueño 

y en sueños venzas 

el miedo

al deseo

de amar.  


martes, diciembre 16

Redemption


Que la vida
es
una caída,

un arabesco
ingrávido
a la deriva,

alguien lo revelaría
antes que yo;

que la carrera
verdadera
va de la meta
a la salida,
lo intuye el anciano,
la estrella
y las consecuencias:

En el origen era el silencio.

En el verbo, fue el ruido
y, a partir de ahí,
la inercia,
la retina de los planetas,
los besos al sapo.

Es tan fácil.
Hay tantos secretos ya descubiertos:

Por ejemplo,

que el amor
es cosa de dos
al mismo tiempo;

que no hay nostalgia peor
que la de la ausencia futura;

que algunos labios son preguntas
en la piel de la nada;

y la contraportada
de toda biografía
es la confesión de una mentira
para vestir al fantasma
que inventa su fui
y en la tinta acaba.

Es tan sencillo entenderlo...

...si hubiera detenido la espiral
el primer hombre mudo,
si entonces no hubiéramos convertido
en verso la tormenta
y en verbo el aullido,
la palabra no sería jamás
esa arma de la nada
que alimenta el vértigo.

Es tan sencillo

como girar la llave de la puerta,
empujar la mañana al despertar
y volver a la caverna,

como entender que el dolor es un escudo;

como aprender que ser feliz es un deber;

que un mordisco anticipa la paz

o que no hay peor soledad
que la del recién nacido.

Es tan sencillo... tan sencillo

como saber
que existe una raza de felinos
en la sangre de los desconocidos,
que el rocío se prende del oído
de las niñas con mil pendientes,
que hay mapas en algunas faldas,
sirenas, en algunos llantos,

que la arena
es
la única huella
que deja la vida.

Apenas quedan secretos,
todo es tan falso y tan cierto
como levantar el vuelo
en el ala
de la palabra
b-a-l-a.

BANG,
BANG, BANG, BANG

BANG

Tú,
soy
tú,
en algún momento de la caída,

tú,
en algún instante de la deriva,


cuando no sabes llamar,
convocar,
escribir,
definir,
acotar,
la intuición que baila en tus tripas,

cuando no hay más cifra que la herida

o más combinación que la risa

o más novela que la pasión,


en el precipicio,

sin nombre,

libre,
tú,
amor,





y yo.



Ese es el secreto:
El comienzo.