viernes, septiembre 28

Un día al año


El exhibicionismo biográfico teclea. Desde Moscú, el escritor Maxim Gorki propuso, mediada la década de los treinta del siglo pasado, convertir el 27 de septiembre en una suerte de almanaque biográfico que recogiera las vivencias de individuos más o menos célebres/anónimos, a lo largo de esas 24 horas del otoño temprano: El proyecto 27 de septiembre documenta un día azaroso en las vidas azarosas de azarosas existencias humanas.

Me lo dijo Valeria. Desde que apareció en mi belografía, cuanto dice importa. Es más, la ideología ético-sentimental del optimismo crítico y la reivindicación de ser feliz, importa desde que Valeria invitó a un cigarro a un hombre gris. Pintar de colores el plomo nació entre las piernas de Valeria. Compartir mi 27 de septiembre también. Porque sí. Y más allá: Porque nos lo debemos como escritores aunque no escribamos; porque nos lo debemos como tópicos, utópicos, distópicos y atópicos en memoria de lo que durante algún instante fue 'el soviet'; porque seguimos adscritos a la fe de lo anónimo y celebramos la posibilidad de lo imposible: porque, al fin, contar un día supone registrarlo, fijarlo, darle entidad, revelar al mundo una sencilla y definitiva revolución: ESTAMOS AQUÍ, ojo, SOMOS, dueños de nuestra sonrisa, libres para ver, comprometidos para contar: CONCIENCIA DE SER -"Los muertos solo saben una cosa: es mejor estar vivo", dicen en La chaqueta metálica-. Y eso es lo que se cuenta el 27 de septiembre: las vidas de quienes cuentan. 

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5:00. Retozar, bostezar, estirarse, descoser los párpados y ponerse en pie. Me sabe la boca a cenicero. Siento todo el peso de mi cuerpo en la cabeza. No tengo hombros y, casi por inercia, caliento un tazón de leche en el microondas. Avanza la cuenta atrás en la pantalla y le doy una lata de comida a Janis, le acaricio el lomo y ella duda por un momento entre el ronroneo y los mordiscos. Decide engullir su desayuno de salmón y pollo. Nescafé y miel en leche caliente para mí. Cigarro, tazón y boletín del 24 horas en la televisión hasta las 5:20. Ducha rápida. Ropa (a lo largo del día descubriré que fue poca ropa). Un besito para la enana y mirada de lástima felina clavada en mi frente al tiempo que cierro la puerta de casa para descender al subsuelo del sótano 2 y arrancar el Civic. Hago la pirula de siempre en el garaje para evitar el laberinto y, al salir, el Madrid que suele despedirme los días supone el arranque de este 27 de septiembre a contrapelo -No estoy acostumbrado a madrugar; suelo amanecer mediada la mañana; suelo trabajar de tarde-. 

Noche cerrada y autopista vacía. Ficho la entrada 18 minutos después a la sombra de la torre de telecomunicaciones del centro de la capital, 7 minutos más tarde de lo que mi horario exigía. Jorge, mi compañero de turno, ya está tecleando en un equipo. Busca imagen de Olvido Hormigos, la concejala de los Los Yébenes que vio cómo España la veía masturbándose desnuda frente a una webcam. Más. Más imagen: trailers y secuencias de las peliculas españolas que compiten para la preselección de los premios Oscar 2012; ciudades, playas y paisajes internacionales para tapar la pieza del día mundial del turismo; recursos de manifestaciones en defensa de la educación pública (hay convocatoria para la tarde en el centro de Madrid); F-18, fragatas y carros de combate del ejército español... Llegan otros compañeros. Pausa en el trabajo. Arrancan los magazines y nos damos una pausa de realidad noticiable. A las 09:25 bajamos a desayunar. Nuevo café, un zumo de naranja natural y dos tostadas de pan de molde con sal y aceite de oliva. Un poco de picante y un mucho de optimismo para seguir avanzando. Cuatro chistes, críticas entre compañeros y críticas al jefe. Vuelta a la redacción. Más búsquedas: Recursos del hotel Palace en la década de los 50; trayectoria como actor y director de Juan Diego Botto; niños hijos de inmigrantes en la escuela sin que se les reconozca el rostro (¿? ...porque todo el mundo sabe que a los hijos de inmigrantes se les reconoce por los zapatos o el babi, ¿no?); caricaturas de Mahoma... 13:17, se acaba la jornada. 17 minutos después de lo que mi horario exigía. No, no me pagarán los 10 minutos de más. Tampoco lo pido. Cumplo con mi trabajo más allá del salario. Cumplo por responsabilidad. Cumplo porque la ética del trabajo bien hecho fue la filosofía materialista en la que me criaron. Y es jodido quitarse de encima aquello en lo que te crian. Y ya. 

No llueve, pero hace frío. El Civic me lleva en 20 minutos al aparcamiento de la facultad de Filosofía / Filología de la Complutense en Ciudad universitaria. A punto de cerrar la biblioteca pido "Autobiografía y modernidad literaria". Tengo 20 días para fotocopiar lo que necesite. Dos horas después he quedado con la catedrática de filología francesa para planificar lo que tendré que trabajar sobre lo que de autobiográfico real o ficticio permea la obra literaria moderna. Para hacer tiempo, como. A veces no como. Soy de desayuno y cena. Pero este 27 de septiembre como un bocadillo de bacon-queso y una tercio de cerveza en la terraza de la cafetería, rodeado de estudiantes nuevos, de estudiantes que se reencuentran, de estudiantes quemados con la burocracia y de estudiantes encabronados con la capitalicracia de los hombres-mercancía. Y leo. Y se me caen los ojos al suelo. Los recojo al terminar el bocadillo y, contra todo lo que me había prometido, vuelvo al Civic, me acurruco en los asientos de atrás, pongo una alarma en el móvil y duermo tres cuartos de hora de siesta acunado por las cuatro gotas que caen sobre la luna trasera. 

15:48. Se acabó la siesta. Me lavo la cara en el baño del sótano 1 y me seco como puedo. Cambio el chip y redibujo una sonrisa de niño-educado-majete-y-listo-al-que-vas-a-aprobar-desde-ya-porque-se-lo-merece-claro-que-sí-pobre-con-lo-que-ha-pagado-de-matrícula-y-total-qué-más-da-si-parece-que-sabe-y-no-va-a-venir-a-clase-porque-trabaja-y-trabaja-mucho-y-ya-está-aprobado. En la cafetería de profesores me encuentra la profesora. La invito a un café. La invito porque invitar a una mujer en el primer encuentro es ley de la sociología machista en la que me criaron. Y es jodido quitarse de encima aquello en lo que te crian. Y ya. Y la profesora me cuenta su planificación pedagógica, sus exigencias investigadoras y la disponibilidad y generosidad que me regala. Muy bien. Buen encuentro. Me despido contento y salgo a echar un cigarro antes de que comience la presentación oficial de este escalón curricular hacia el doctorado. Muchas caras me suenan. Los pasillos de esta facultad llevan una década en mi vida. Pero no me atrevo a abordar a nadie. Fumo, sonrío y, como diría Valeria, "me hago el interesante". 

16:35. Abren el Salón de Grados. Ocupamos las butacas y empiezan los discursos. La coordinadora presenta el acto. El Vicedecano de estudios de tercer ciclo ofrece el speech buenista. Un catedrático recientemente obligado a jubilarse tras 50 años de docencia, equilibra el tono con media hora de erudición de sonrisa torcida con tintes subversivos. La presentación se convierte progresivamente en un homenaje explícito a este último cuando los profesores y coordinadores de investigacion comienzan a agradecernos nuestra presencia y a presentar brévemente sus disciplinas. Me siento como el jurado de un concurso para Miss / Mister Autoridad Académica. La intención es buena. Se agradece. Pero, cuando 20 profesores te han vendido su especialidad y cada una de ellas es siempre "la mejor" y ves que aún quedan otros 20, te dan ganas de preguntar por el contorno de sus cinturas y asumir que todos desean la paz en el mundo. Aún así tomo nota. Espero. Necesito decir algo. Chiara llegó 5 minutos tarde y por eso me queda a un par de filas. Está guapísima. Chiquitita, con su cuerpecito y cara de hada traviesa. El pelo corto le sienta bien. Fer me guiña el ojo y se revuelve contra las reformas educativas. Yuri, una estudiante china, pregunta por mi bolso con ideogramas chinos y una estrella comunista. Reconozco voces y maneras. Sé con quien no volvería a estudiar en la vida, con quién me dará rabia no estudiar, con quién he acertado, a quién tengo que anular. Rejuzgo a los conocidos y prejuzgo a los conocidos. Juzgo por intuición a primera vista porque así generé la estrategia de defensa social cimentada sobre la desconfianza en la que me criaron. Y es jodido quitarse de encima aquello en lo que te crian. Y ya. 

19:00. Termina la ronda de presentaciones. Van más de dos horas y todo el mundo quiere acabar. Pero tengo que levantar la mano. Me tiembla la voz frente al micrófono inalámbrico. Siempre me tiembla la voz cuando comienzo a hablar en público. Poco a poco domino el temblor. Y trato de ponerme lo menos cáustico posible para evitar el prejuicio. Tengo una voz muy grave. Y una forma de hablar en entornos formales que yo considero educada pero que, como he comprobado, cada vez resulta más seria y agresiva. Me consuelo pensando que vivo un ocaso de la dialéctica. Que la mayoría de las voces tienen una retórica mediocre, llena de muletillas, puntos suspensivos orales y deficiencias en la construcción de oraciones largas. Ese es mi consuelo. También creo que no sé hablar de otra manera. Que a veces puedo sonar pedante y demagogo. No es la intención. ¿Qué le hago? Me fustigo. A ver... consuelo, fustigación, consuelo, fustigación... gana el consuelo porque soy un tipo bastante ególatra y creo que lo que hago es lo correcto. Y pregunto por el estado de salud de un Maestro y gran profesor; y exijo que, dado el incremento por la espalda de las tasas universitarias promovido por Doña Lucía Figar y Doña Esperanza Aguirre, se flexibilice y fraccione el pago para poder respirar a final de año; y reivinidico una revalorización de la universidad pública a partir de la unión de profesores, PAS y estudiantes; y pido que se nos tenga en cuenta, que no hay ni-nis ni no-nes en la sala, sino gente con una vocación científica profesionalizante, universal, interdisciplinar y sentimental.; que nos la suda el utilitarismo formativo pero que no nos creemos inútiles laboral ni socialmente; que hay que reformular las humanidades y... Y ya. Uno de los altavoces acopla y se me ha metido el pitido en la sien. Ya está. Gracias. Y me responden las autoridades administrativas y académicas: Todo-va-a-ir-muy-bien-porque-haremos-todo-lo-posible-pero-estamos-en-la-casa-de-Ortega-y-somos-nosotros-y-nuestras-circunstancias. Política VS. politiqueo. Gracias. Hasta la vista. Adiós. Ahora sí puedo besar a Chiara y charlar y tomar un cerveza y saber que ha estado trabajando con Lucía y que no tiene ni idea de qué hacer con la tesis y que a ver si nos vemos y que le dé mil besos a Valeria y que pronto pronto pronto pronto nos encontramos y no olvides que si necesitas algo solo tienes que pedirlo. Alé Firenze rossa!! Y alé la Giordano!! 

20:25. Vuelvo a casa en el Civic. 35 minutos esta vez. Hay que cruzar Madrid y, aunque no hay mucho tráfico, cae la noche y me pesa la vista. Llamo por el manos libres a Valeria y Valeria me escucha mal y mejor lo dejamos para luego. Janis me espera al otro lado de la puerta. Tiene mucha hambre. Más comida para la pequeñaja. Cambio de arena. Jugamos corriendo por el pasillo con un pequeño pitufo de peluche. Peleamos. Me muerde la mano. Me muerde el brazo y se va digna dignísima a descansar. Ceno y la panterita quiere cenar mi cena, por pura envidia y buen olor. La echo una y otra vez hasta que decide resignarse y aprovechar el calor que sale de mis muslos. Veo una serie de ficción en la que diferentes arquetipos del hombre español mercadean con diferentes arquetipos de mujeres españolas, sus madres mediante. Y me río un poco. Es la dosis de telebasura semanal que hemos negociado. Tiene su gracia. Y es muy difícil resistirse a la televisión y los mitos en los que me criaron. Y es jodido quitarse de encima aquello en lo que te crian. Y ya. La enana está en mi pecho con la moto puesta, mordiéndome la nariz y haciéndome manitas en la cara cada vez que paro de rascarle el lomo y las tetas. 22:40. Nos despierta del letargo el sonido del móvil. Le cuento con párrafo largo el día a Valeria. Valeria pedía párrafo corto y yo tardo mucho en darme cuenta de esas cosas. Pido disculpas. Mando besos. Sonrío. Fumo un último cigarro y me masturbo. Se me olvida el cepillo de dientes. Me derramo en la cama. 23:49. Claquetean las gotas de lluvia en la chapa de la ventana. Retumban los graves del concierto de Los Suaves en el Miguel Ríos. Me acuna la batería. 

Concluye el 27 de septiembre de 2012 en la vida del Dormido. Se fue. Se acabó otro día 5. El mismo primo del día en el que ella nació. Y sonrío: En la felicidad me criaron y resulta bien jodido dejar a un lado aquello en lo que te criaron. Además, que no me da la gana apartar la felicidad, hoy y cada uno de los días que quedan por llegar: me comprometo a no amargarte, a darte una sonrisa, a ejercer la libertad. Pues eso. Y ya.

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