viernes, julio 1

Dormidas

(es culpa de Hilia,
y de mi vocación
de ladrón
de guante blanco)

(...) intentó entender qué hacía allí, en el cuadro, en ese cuadro.

(...) y al final solían acabar revolcados de nuevo y olvidándose de las pinturas


(...) esa parecía ser su actitud en la vida: no tomarse nada en serio.


(...) cuatro días después terminó el cuadro, aunque ella no lo supo.


(...) él, que nunca terminaba nada.



(...) vendido.



1 comentario:

h i l i a dijo...

nadie, nadie, nadie, nadie podría haberlo ilustrado mejor.