domingo, junio 3

Síntomas de inconsciencia (XXV)

"¡¡TRES!!, ¡¡¡TRES!!! IUJUUUU, iiiuuujjuuuu... es que tengo unos huevos que son...", FELIZ, como el bueno de Karlos. Feliz como el simple que simplea, que conoce el perfil del desfiladero y, en lugar de retozar en su cabeza con la idea del precipicio, descubre la vista del horizonte que se dibuja desde el acantilado. FELIZ. Y no. Porque sí. Y porque no. Feliz el hombre que amanece al lado de la mujer. El hombre que amanece al lado del hombre. La mujer que amanece al lado del hombre. La mujer que amanece al lado de la mujer. Los dedos de quien escribe habiendo abierto los ojos junto a los ojos aún cerrados en quien ama verse a sí. FELIZ. Y no. Porque pueden beberse 7 botellines de San Miguel en menos de dos horas y andar sobrio, para desandar lo andado hacia el camino de siempre, con las caras de los últimos años, entregando el gesto y la palabra hasta entonces no vista ni escuchada; y decirle a una rubia "encantadísimo", y abrazar a un rubio hasta "el próximo jueves", y pellizcarle una teta a una morena que ronronea su "mmmmmmmm". PORQUE puede uno ensobriarse entonces, y pisar el acelerador hasta la posfiesta del después, y calzarse un bombín a juego con su levita de terciopelo morado y beber, y beber, y beber whisky tras whisky con hielo (siempre y cuando sea tan dulce como seco -Johnny, ven a buscarme-) en el centro de la periferia de lo que uno creía su biografía, siendo el de siempre con más y con menos ganas, según se oriente la tormenta de verano de un junio que saca la cabeza entre los labios de ese 2012 que a todos, los que estáis, los que os fuisteis y los que llegaréis, os mira. PORQUE regresa uno a su cueva pintando con tinto de verano las sombras. Porque sabe uno que la noche es una manceba que a todos engaña y con todos se estrena. Porque todo se acaba. Porque todo empieza. Porque la puta espiral da saltos entre los números primos y descansa en los pares. Porque hubo un tiempo en que todo era probable y hoy se creyó imposible. Por los radicales y contra los reformistas. Por un cigarro cazado a última hora en una gasolinera que ahora se consume entre los dedos que al tiempo escriben, para que aquí se ahúmen las teclas de otro ordenador. Yo aquí te escribo. FELIZ. Perdido. Con una lágrima perdida. La que no se escapó ante las fotos de la pareja feliz que firma su matrimonio. Con un juego de palmas olvidado. El que no se marcó frente al cajón de los recortadores. Con un cigarro, otro, uno de tantos, que, a medio camino de la vega y del asfalto, murió sin tener siquiera un simulacro del ritual que merecía la muerte del cerdo que ahora devoro en jamón del bueno, brillante como nunca brillará el malo. Y ya está. Se acabó. Soy Feliz porque me lo marco. Soy feliz porque no estoy dispuesto a entregaros ese rincón de mí que a mí me pertenece y que me gozo, el último espacio capaz de ser de mí sin vosotros, LA VIDA que yo vivo, de prestado y sin aforo, para salir guapo en la foto y sonreír... porque mía es mi sonrisa y de nadie más mi lodo. "Y que el buril burile, y que el cincel cincele", y que llegue ahora el agente que me empapele... Ciego, por ti, que no sé, como siempre, donde me perdí y cómo cojones me encuentro...




...discúlpame mañana si no me despierto.

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