30 julio, 2012

Castilleando

Le dije, "¿A que te caso en un castillo, morena...?"


"...porque no hay más nobleza que la honestidad de tus maneras", seguí, "porque no hay misterio mayor que tus ojos de pantera, porque quiero dar tributo de por vida a tus caderas, porque son tus pechos sillares de ilustre cantera..."

"Calla, DORMIDO, espera," dijo entonces ella, "cásame donde quieras, en un castillo o sobre una única piedra: Yo ya sé que eres mi rey y yo tu reina".

"Si es que... ¡¡¡que te comía entera!! Esa es nuestra primavera, morena... Aysss... ¡¡y lo que nos queda!!: Que sepa la blogosfera que son los girasoles nuestra riqueza; que esos chopos son nuestra guardia armera; la ley, la que el firmamento entienda con sus soles y tormentas; que sepan que hacemos, piel con piel, cada día una guerra nueva; que tenemos la alacena llena de los únicos víveres que alimentan: tus besos, reina arriaca, tus besos..."

"¡Que somos ricos!, ¡¡como acto de amor resistimos, y amaremos como acto de resistencia!!"



22 julio, 2012

Síntomas de incosciencia (XXVI): Confesiones ficticias, amore



Roma no está fuera de mí, sino dentro de mí. Su febril dulzura, su campo trágico, su propia belleza y armonía... todo ello es mío, de mis pensamientos y de mis obras. Así describía Amedeo Modigliani su relación con la capital italiana, allá por los primeros años del siglo XX
En esa misma Roma, cien años después, vi yo por primera vez sus cuadros en una exposición temporal del Museo Centrale del Risorgimento, entre los restos no expoliados del anciano Foro, junto a la reproducción de la Loba -la etrusca y madre filántropa (algunos dirían "inconsciente") de los descendientes de Eneas-, y pared con pared con el esperpento del monumento a Vittorio Emanuele II. 
Allí compré una postal con este desnudo reclinado de Modigliani. Era un puente de diciembre y hacía mucho frío en Roma -Roma es así, muy fría o muy calurosa. Extrema. Adictivamente insoportable-. Frío como el frío que congeló el cuerpo de Jeanne Hébuterne en una carretilla la noche de enero en que se dejó caer de la buhardilla que compartía con Modigliani pocas horas después de la muerte del artista. Ese Modigliani bebedor y tuberculoso fue mi primer Modigliani. Anterior al Modigliani romano que se cruzó en mi camino aquella mañana de diciembre. 
Puede que en algún episodio previo y no recordado de mi adolescencia apareciera ya Amedeo, pero mi primer acceso consciente surgió en un libro de reportajes de verano, escrito por Rosa Montero para El País, sobre amores trágicos y legendarios en la historia Occidental. Cuando vi por primera vez, cara a tela, el lienzo de Modigliani en ese museo municipal de la cuesta de San Pietro in carcere, también yo creía en la lápida fría de la bohemia y también vivía el ocaso de una suerte de amor poco recomendable más allá de la inercia y de la carne. 
A las 6 de la mañana de ese mismo día había estado hablando con El Moisés de Miguel Ángel en San Pietro in Vincoli -un sacerdote me dejó pasar a la basílica con verdadera caridad cristiana, después de verme congelado en la plaza esperando que abriese sus puertas el templo a las 8:00, mientras él barría el suelo de la escalinata, antes de que llegaran turistas y devotos-. Frente a El Moisés descubrí que se puede hablar con ciertos seres no humanos: Hay quien habla con plantas, con animales, con el televisor... Yo hablaba en ese momento con papeles, piedras y telas. Y hablé con El Moisés con mucha resaca, como se habla con esos mejores amigos de las madrugadas. Horas antes había bebido demasiados caballitos de tequila mientras le contaba un cuentacuentos a Alice. Representaba en primera persona la historia de una pareja de narquitos mexicanos enamorados y muertos por el negocio, claro... Rondando los 20, no hay historias "de amor" sin tragedia. Y aquella noche lloramos mucho Alice y yo. Yo muy borracho. Ali muy sobria. Conscientes los dos de que aquello que habíamos llamado a-m-o-r había llegado a su fin. 
Y así se lo conté a El Moisés. Así creí que había gastado, después de dos oportunidades, cuanta leyenda sentimental tendría la opción de vivir: Tocaba, de ahí en adelante, un punto y aparte en el tránsito que, desde los 14, me había hecho volar de los versos de Neruda y Miguel Hernández hacia el francés de Rimbaud y Verlaine, con su bien de Werther de Goethe, el Don Juan byroniano, la llantina leopardiana y la belleza-verdad de Keats. 
Encontré en el desnudo de Modigliani otro Modigliani y otra nueva narración belográfica: En lugar de pensar en absenta, me dio por pensar en Brancusi; en lugar de encontrar a una prostituta mirando y exponiéndose a la transgresion, se me fue la cabeza a la línea perfiladora del Giotto, al color de las fieras y a cierta depuración que, mirando hacia atrás, puede ser uno de los impactos emocionales más potentes de los años que llevo dando vueltas por aquí. Claro que, sin apenas dormir, resacoso, sin fe en el mundo y después de confesarme ante una estatua de mármol de Carrara, no parece tan difícil construir un puente medio místico hacia cierta totalidad, arrancando en la diagonal que avanza desde la cabeza de la modelo, en la esquina superior izquierda del lienzo, para perderse a medio muslo en la esquina inferior: 
Desde entonces me vi, fuera del marco, haciéndole cosquillas a esta señorita en la cara posterior de las piernas, en ese valle que forma la unión del muslo con el gemelo, despacito, con la yema de los dedos, jugando en la cueva que se crea en la cara opuesta de la rótula... De ahí la sonrisa más que insinuada de la modelo en el retrato. 

"Dime, Pablo, ¿cómo cojones te puedes follar un cubo?", dicen que le preguntó Modigliani a Picasso una madrugada en París, a lo que el malagueño replicó, "¿Tú por qué me odias tanta, Amedeo?", "Te quiero Pablo, es a mí a quien odio". Ese es el odio que fui cultivando: Cierto nihilismo cínico. Cierta ironía destructiva. Cierta caída. / 

Harían falta un par de años de vuelta a Madrid para que una niña rubia reinventara una nueva leyenda, vacía desde el principio pero capaz de traer a las paredes de mi habitación aquella postal en una reproducción de 70x40cm. Fue en una retrospectiva del Thyssen y la Fundación Caja Madrid. Modigliani y su tiempo, o algo así. Traté de pintar un firmamento con pintura fosforescente en las paredes de mi habitación. Pero aquel odio cultivado había enraizado. La mentira comprometida era mi principio de acción: "Mentir a la nada, ese es mi único poder: ser un personaje. La verdad es que eres nada, pero una nada capaz de crear infinitas mentiras. Así que miente con elegancia, sé un compromiso". Eso escribía yo por entonces: pasé de adolescente romanticón embohemiado, a joven postmoderno y existencialista comprometido. El orgullo de la casa, vamos. Un tesoro: Etiquetado. Y Se acabó la rubia. 

Os confesaré algo. Por aquellos años me salvaron Sterne, Marías y Cervantes. Capitulé como poeta. Recapitulé. Fue el origen de un nuevo momento que, a fuego muy muy lento, tomaría cuerpo más allá del papel, las piedras y los lienzos. Más importante aún, al otro lado de los versos. Wilde sin frustración: Hay una posibilidad de hacer de la vida una obra de arte. Existe la posibilidad de hacer de la vida una obra de arte. Tenemos la opción de vivir felices. / 

El desnudo reclinado de Modigliani mira a la cama de mi dormitorio desde hace años. Esa reproducción veía diferentes desnudos reclinados y sudorosos en mi habitación cuando yo vi a la pantera por primera vez: Durante una exposición sobre el capítulo VI de la primera parte de El Quijote, ella se inventó un cuento que más de uno dio por real. "Bellezón... Qué cabrona más inteligente se esconde detrás de esa desconocida" -pensé. 
La verdad es que estaba hasta los cojones de escritores, poetas, musos y musas, por entonces. Con mis chicos, me declaraba NO-artista. En aquella vuelta a la universidad no había tiempo para hacer nuevas amistades en un mundillo que había caricaturizado en mi fuero interno. La extinción de la fe provocó cierto desplazamiento en el continuo temporal -que diría el Doctor Emmet Brown- y tuvo que pasar un año hasta volver a Verla. Un año hasta que un cigarro abriera la puerta a un nuevo pelotazo emocional. 
Y así fue. 
Así fue como empecé a hacer el amor con mucha más frecuencia que a hablar o escribir de amor. Así fue como follar no volvió a ser fallar. Así fue como, por primera vez en muchos años, una Mujer desnuda relevaba al desnudo reclinado del cuadro. / 

La modelo de Modigliani mira desde el cuadro en mi habitación hoy cómo cosquilleo la parte posterior de la pierna, desde el tobillo hasta el pliegue del culo, de una morena a la que regalo cada mañana el alma.
La obligación de ser feliz nació el día que, con Cervantes, Sterne y Marías, releí mi biografía con la intención de no morir ni matar en vida. Vaciarme fue con ella. /

Ahí sigue en la habitación "mi" Modigliani.
Roma es hoy mi familia.
La literatura un vehículo ocasional.
Y una relación sentimental el gran proyecto para hacer de la vida una obra de arte.

Perpetuar es despertar a tu lado, morena. La modelo no ha dejado de sonreír. Feliz. Porque la felicidad no está fuera de mí, sino dentro de mí. - escribió Modigliani - Su febril dulzura, su campo trágico, su propia belleza y armonía, todo ello es mío, de mis pensamientos y de mis obras. /

CODA: Mañana firmo en tu nalga izquierda. Pasado me pintas una flor en uno de mis lunares rojos. Al otro, invito a japo. Follamos. Fumamos. Recitamos. Cocinamos. Viajamos. Planeamos. Quedamos. Y así. Felices -una jodida obra arte-, nos vamos.


A Alice y María.
Y, sobretodo, a TI, que ya lo sabes.


20 julio, 2012

viernes

Eran dos ángeles al mediodía:
románticos valientes e ignorantes
adolescentes para los que "antes"
o "más tarde" PRESENTE parecía.

Raptados por la luz de lo fugaz,
fue belleza la verdad un instante
-arrebato de eternidad amante
en el crisol de carne del solaz-:

Saliva y sudor frente a lo incierto
por el albear que el sistema niega, 
el arma del placer contra la siega
en la trinchera del vivo-no-muerto:

Contra el cantar-fusil de las sirenas,
dos ángeles (moreno VS. morena), rompieron sus cadenas.




Angeli, de mi idolatrado y mi Don romano, Lorenzo DeLuca


(A modo de agradecimiento,
por ser los eslabones de este blog:
A La Chaos, Aina, Hilia y Alice)


18 julio, 2012

Lo normal es que pasen cosas

Sucede.
Suceden cosas.
Lo normal es que pasen cosas.

- "Morena, ¿estás vestida?"
- "Sí, claro... en casa, yo qué sé, con ropa fresquita..."
- "Vístete y prepara un cigarrito de esos de liar con picadura sorpresa. En siete minutos estoy en tu portal."

Un Civic cruza entonces Raimundo Fernández Villaverde mientras una mastodóntica Eva González con vestidito de flores dice en la fachada del Corte Inglés que "le encantan las rebajas". Semáforo en rojo. "¡A mí lo que me encantan son sus dos sonrisas, Eva!, ¡tú no has visto a esa morena!". Verde.

Quedan cinco minutos.

La tarde ha empezado en un local de ensayo: Un proyecto para un disco de 13 temas. La sección instrumental está casi terminada, y los chicos piden texto y voz. Pero nada de vocalistas: Un rapsoda. Eso sí, el previsible escritor y rapsoda exige ritmo. "Esto tiene que arrancar muy arriba, muy muy arriba... Es el pelotazo que te entra cuando le arrancas el primer beso a la morena, ¿sí?... y de ahí nos volvemos a la tierra... despacio, con una subida de tensión sostenida, muy despacio: sonidos y seducción elegante: diálogo contenido. Hasta recuperar el pinchazo de la intro y desde ahí ya no paramos, desde ahí hay que subir y subir y subir y subir... es un polvo, señores, es una estructura narrativa nacida de lo sentimental, una jodida búsqueda extática que nos sofoque, que nos haga sudar, que nos obligue a dejarnos las tripas, y subir y subir y subir y subir hasta lograr abrir un arañazo en la superficie del océano, para, allí, mientras vuelven a llenarse los pulmones y a cicatrizarse las heridas abiertas en las cuerdas del bajo y de la guitarra, dejar que el teclado llene el horizonte, que lo aleje y lo aproxime como cuando uno mira correr un río... cerrar después con los mimos del que regresa y, cuando parece que nada queda, una coda, una coda fuera de lugar, disonante, de a poco, de..." Todo eso sucede en un local de Vallecas. Entre caballitos de tequila y cerveza.
Y cuatro horas más tarde solo quedan dos minutos.

- "Morena, ¿estás?"
- "Bajo".

Y baja:
Aparece una amazona con la melena encendida.
Una sirena que trasmina la noche, desde el portal hasta el coche, creando olas en el aire con el movimiento del culo al caminar.

- "Guapa" - . Sonrisas. Un vestido hasta medio muslo. Escote recto. Hombros desnudos. - "Te llevo a la playa"
- "Quizá sea mejor quedarnos un poco antes... creo que estás un bocomorrasshoo"
- "A la playa, morenita, te llevo a la playa a deshacernos... que no puedo, que me rompo, que quiero romperte, beberte y deshacerte... que quiero batirte y batirnos, a hostias y a mordiscos, batirnos en duelo, primero, y batirnos después, entre las hélice del tiempo, batirnos hasta licuarnos y ser sangre de la misma sangre hecha una sangre sola... ¡¡FELICES!! Mira, escucha:"


Y suenan en el parque las risas. 

- "¿Por qué no vamos entonces a la casita a adorarnos, morenito?". 

Y sucede. 
Vuelve a suceder. 

Enciende el cigarrito aún en el interior del coche, y le regala el humo bañado en breves / leves caricias con los labios. "...pasa para mi casa que ya te tengo loco de amor..."; "y me pongo a jugar con sus braguitas rosas... aquí lo normal es que pasen cosas". El aire de la madrugada mueve los árboles frente a su casa. Él hace equilibrios en la acera y soporta su figura apoyado en la mano de la morena. No hay viento que pueda con ellos. 

- "¿Bailas?
- "Anda, pues claro". 

Y bailan. 
Y él le agarra el culo. 
Y bailan mientras bailan en torno a ellos las aceras. 
Y él le pide que le enseñe el culo. 
Y se distancia cuatro pasos. 
Y ella se levanta la falda, tan elegante como discreta. 
Y ahora son sus ojos los que bailan en la superficie cálida de esa piel revelada. 

Rebeldes. 
Desobedientes. 
Felices frente al desahucio que pretenden los amargados.  

Our yesterday (**)


Espera arriba la gata. Y un tinto de verano. Y un par de cigarritos últimos. -Secuencia impresionista: Un masaje con gel verde de aloe vera. La alarma para mañana. Los dragones del sueño. Las últimas luces de la ciudad. Dormir en un abrazo sobre una misma ilusión. Otro día más-. Ella podría llamarse Eva. Y él bien podría ser Adán. 

Porque las cosas pasan. 
Porque ella sucede. 

Porque Dormido quiere convenceros de que hay una revolución en marcha. De que se aproximan las casas. De que sonríen las caras. De que nadie ni nada va a devolveros privilegios absurdos de una sociedad (dicen) nacida para morir de consumo. PORQUE nada ni nadie puede robaros vuestro desnudo. Porque ser feliz no se piensa: no se planifica: no se estudia: no se construye: Se es. Y se es feliz como arma contra todo lo superfluo. Ser feliz... ser feliz... ser feliz... para que, cuando nos vean los infelices, los deshonestos, los envidiosos, los crueles, los vivos-muertos-y-consumidos, no les quede más remedio que sucumbir, presentar la rendición, extinguir sus linajes y dejar que vuelva a sonar la única canción posible en el viaje de una vida breve / leve... Como los besos, feliz viaje: 







**Pintura de una señorita "con acuarela en las venas": Anna Dart

13 julio, 2012

No nos ganáis a perversos...


"Se ha instalado un sistema mundial muy perverso, en donde hay una desigualdad tan grande entre las acumulaciones de riqueza y la falta de distribución equitativa, que casi te diría que es imposible que los seres humanos no nos veamos todos los días con la posibilidad de la ira, del enojo, del hastío, del agobio... y la lucha, el desafío, es precisamente cómo lidiar con eso, cómo hacer para no convertirnos en unos seres enojados, desahuciados."

Ricardo Darín, actor, para el programa Días de Cine.


Esto es un caos, sí, y nosotros diminutas singularidades improbables. Pero a lo peor a lo que se puede enfrentar este linaje de pendejos neoliberales es a la suma de indeseables que hemos decidido comprometernos a amar, a amar más allá del dolor y la caída, a amar como modo de lucha contra la indiferencia y la omisión de acción: Amar porque en el principio fue la sangre, y de la sangre de nuestra sangre, nacerá el diluvio que os ahogue. Cabrones.

Lloremos hoy, niña. Que mañana habremos de sacar la navaja de nuestras sonrisas. Y que tiemblen entonces…